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Calamecca, Andrea

Carrara, 1524/25 - Messina, 1589

Discípulo en Florencia de Bartolomeo Ammannati, Calameca fue nombrado en 1563 capomastro (jefe de obras) de la ciudad de Messina y recibió el encargo de proseguir los proyectos iniciados por otro artista toscano, el fraile Giovan Angelo Montorsoli (1499-1563), que había tenido que abandonar Sicilia en 1557 para regresar a su convento.
Sabemos que Calamecca trabajaba en Carrara bajo el amparo y la protección de Alberico Cybo Malaspina (1532/34-1623), quien de hecho intentó impedir que el artista aceptase un encargo en un lugar tan alejado como Messina por considerar que su talento allí se desperdiciaría, como se trasluce de una misiva enviada al gran duque de Toscana, Cosme I, en la que se solicitaba que Calamecca se convirtiese en ayudante de Pirro Ligorio para evitar su marcha.
El objetivo de la carta no llegó a cumplirse pues Ligorio contaba ya con Jacopo Vignola (1507-1573) como ayudante, y así el artista se trasladó a la isla en 1565, permaneciendo allí hasta su muerte.
En esos años, en la ciudad de Messina -que vivía un momento especialmente próspero- se estaba impulsando la ejecución de una serie de proyectos de notable importancia, por lo que era necesaria la presencia de un artista capaz de llevarlos a cabo. Una vez aceptado el encargo, Calamecca obtuvo plenos poderes contribuyendo así de manera determinante a la configuración de la fisionomía de la ciudad. Consiguió monopolizar gran parte de las obras arquitectónicas y escultóricas efectuadas durante aquellos años gracias a un activísimo taller en el que trabajaron, primero su hermano Domenico y luego su hijo Francesco, su sobrino Lorenzo (hijo de su hermano Domenico), su yerno, Rinaldo Bonanno, y otros artistas que habían trabajado antes para Montorsoli tales como el poco conocido Paolo Tarso.
Entre las obras públicas recordaremos la construcción del Palacio Real, el interior del Duomo, el Gran Hospital, la puerta Austria, la abertura de la vía Austria (en la actualidad via Primo Settembre) y el arco triunfal construido con motivo de la entrada del virrey Marcantonio Colonna. Recibió, además, el encargo de proyectar algunas de las iglesias más importantes de la ciudad, como las de San Gregorio, San Juan de los Florentinos o San Nicolás.
Todas estas obras quedaron destruidas por el seísmo del año 1908 por lo que durante mucho tiempo la fama del escultor ha estado ligada casi exclusivamente al monumento en bronce del vencedor de Lepanto, Don Juan de Austria (1572/73, Messina, Piazza Catalani) que en 1572 hizo su entrada triunfal en la ciudad del estrecho.
Gracias a los estudios de los últimos años, sin embargo, su obra se ha podido empezar a reconstruir de forma más completa; en particular, resultan fundamentales dos monumentos recientemente atribuidos al artista: el Monumento funerario a Visconte Cicala (conservado actualmente, en fragmentos, en el Museo Regionale de Messina) y el Monumento a Carlo Spinelli, en Seminara (una parte conservada en el Ayuntamiento de la ciudad calabresa y otra en el Museo de Reggio Calabria.
Por último, el catálogo del carrarese se ha visto ulteriormente enriquecido con la adición de numerosas esculturas de carácter sacro (a veces llevadas a cabo con una importante contribución de su taller) que nos permite definir de forma aún más precisa su modus operandi. Entre éstas recordaremos el San Bartolomé de la iglesia de San Salvador en Rodì Milici (Messina), el San Nicolás de la iglesia homónima en Santa Lucia del Mela (Messina) y el San Miguel, ubicado en el seminario de la misma ciudad; la Virgen de las Gracias de la iglesia homónima en Dipignano (Cosenza), la Virgen con el Niño de la iglesia de Santa Catalina en San Pier Niceto y la de la iglesia mayor de Roccavaldina (Messina); el San Pedro de la catedral de Tropea (Vibo Valentia), y el tríptico –actualmente fragmentado- Cristo resucitado entre san Pedro y san Pablo de la catedral de Mistretta (Messina).
Todas la obras mencionadas se caracterizan por un estilo analítico y descriptivo; un trazo sobrio y nítido; la elección de la vista de pájaro propia de representaciones en las que se pretende recoger fielmente la topografía de un lugar, y por los paisajes y arquitecturas tallados en sutiles bajorrelieves. Acontecimientos y lugares aparecen trazados minuciosamente para conferir una credibilidad objetiva al relato mientras que los rasgos de los protagonistas se describen de forma muy clara y precisa. Es más, se puede afirmar que la capacidad descriptiva constituye el rasgo más evidente y peculiar del escultor (Migliorato, A.: "Una nueva atribución para el Pedestal Cybo", Boletín del Museo del Prado, Tomo XXXI, núm. 49, 2013, pp. 192-193).

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