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Fábrica de porcelana de Bow

ca. 1744, 1776

Los comienzos de esta fábrica de porcelana inglesa, hacia 1744, son bastante confusos, pero en 1749 ya estaba trabajando una pasta tierna con un elevado porcentaje de fósforo en su composición. Al año siguiente la adquirieron dos comerciantes dándole el nombre de New Canton que conservó poco tiempo. Después de varios cambios de dirección fue adquirida en 1776 por William Duesbury y sus moldes pasaron a su fábrica de Derby.
La producción de Bow, de gran calidad y belleza, sobre todo las figuras, obedece a tres modalidades bien diferenciadas que corresponden a tres épocas distintas: la primera, desde 1748 a 1755, se distingue por sus piezas de vajilla de pasta cremosa de bastante peso, decoradas con una original interpretación del imarí japonés y de las porcelanas de la famille rose chinas. Además, como su nombre indicaba, imitaba la porcelana llamada de Cantón produciendo siempre grandes cantidades de azul y blanco. Es éste el momento en que salieron las figuras y los grupos totalmente en blanco con pequeños detalles pintados con una paleta muy restringida.
Durante el segundo periodo, que llega hasta 1760, fabricó los mejores ejemplares de toda la producción de Bow. Las figuras ofrecen una acentuada influencia de Meissen, pero dándole un carácter completamente inglés, con un modelado muy cuidado, unido a un colorido variado y de gran frescura, que les comunica una fuerte personalidad; hasta 1758 se alzan sobre montículos con florecillas en relieve, pero a partir de esas fechas son características las bases sobre cuatro pies en forma de rocalla pintadas en tonos púrpura y carmesí. Las vajillas sufrieron la misma influencia sajona y avanzada la época se decoraron con ramilletes de flores naturalistas en rojo, azul y dorado, o la variedad llamada botanical flowers, pero sin olvidar nunca los modelos orientales.
A partir de los setenta, o sea durante la tercera época, las figuras siguieron conservando cierto encanto, heredado del período anterior, pero la pasta no tiene la blancura, que era su mayor belleza. Y carecen de la espontaneidad y gracia, que era su mayor encanto. En cuanto a las piezas de forma en este momento cayeron bajo la influencia de las grandes fábricas, Meissen, y sobre todo de las inglesas Chelsea y Worcester.
Las marcas son muchas y variadas, según los directores, y es frecuente que no sirvan para identificar las piezas. La más general, a partir de los años setenta, es un ancla con una daga en rojo o en azul.
(De Ceballos-Escalera, I.; Braña de Diego, M.: Catálogo del Legado Fernández Durán. Artes Decorativas, 1974, p. 49)

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