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Villegas y Cordero, José

Sevilla, 26.8.1844 - Madrid, 10.11.1921

Director del Museo del Prado de 1901 a 1918. Formado primero en el taller sevillano del pintor José María Romero, y en la Escuela de Bellas Artes de Sevilla, completó su aprendizaje junto a Eduardo Cano de la Peña. Una vez concluidos sus estudios, el joven artista viajó a Madrid, donde conoció personalmente a Mariano Fortuny, lo que le hizo interesarse por la pintura de género, copió a Velázquez en el Prado, y realizó un viaje por Marruecos; todo ello delimita su primera producción artística de interés. En 1868 marchó a Roma, donde permaneció durante treinta y tres años, en los que se produjo su más fecunda y famosa producción, inmersa en un realismo decorativista perceptible en pinturas como el Triunfo de la dogaresa (antigua colección Laar Anderson, Washington) o La muerte del maestro (Museo de Bellas Artes de Sevilla), y que en las ­pequeñas tablitas permite rastrear la influencia de Fortuny, especialmente en su vertiente orientalista. Su residencia y estudio, un suntuoso palacete en el Parioli romano, se convirtió en un célebre cenáculo para la sociedad del momento, en el cual se reunían artistas y coleccionistas en famosas veladas. Entre 1898 y 1901 fue director de la Academia Española de Bellas ­Artes de Roma en el periodo más álgido de su fortuna profesional en el extranjero-, y a su regreso asumió la dirección del Museo del Prado, a la muerte de Luis Álvarez Catalá en 1901. Ya en Madrid se convirtió en uno de los más reputados retratistas de la alta sociedad de la época, de los que el propio Museo conserva una amplia representación, procedente de modo casi íntegro del desaparecido Museo de Arte Moderno. Sus primeros pasos en la pinacoteca irán encaminados hacia una renovación total en la presentación de las colecciones, a fin de que resultara más didáctica y atractiva para el público visitante. Por ello, y contando con el precedente de la sala de Velázquez, inaugurada por su antecesor en 1900, el maestro dedicará salas monográficas a Murillo, Ribera o Goya, o a los primitivos flamencos y la escuela francesa, y creará también conjuntos de corte temático, como las salas de retratos o la de las batallas. Asimismo, rescatará la excelente colección de escultura del Museo, largo tiempo olvidada en los almacenes, para mostrarla en diversas estancias a lo largo de la planta baja. Otros capítulos, como la instalación en el edificio de una adecuada calefacción o una moderna dotación contra el fuego, también serán objeto de su preferente atención. Villegas, por otro lado, organizará las dos primeras exposiciones monográficas en la historia del Prado, dedicadas en 1902 a El Greco y en 1905 a Zurbarán. Pese al retraimiento de no pocas instituciones, el maestro logrará, en ambos casos, presentar un estimable conjunto de obras y obtener una excelente respuesta del público, al tiempo que enriquecía, con los catálogos editados al respecto, la bibliografía de unos artistas españoles en pleno proceso de revalorización por esos años. No menos notable resultará el mandato de Villegas en lo referente a donaciones, entre las que destacan tanto la efectuada en 1902 por Ramón de Errazu que, con veinticinco obras de Fortuny, Raimundo de Madrazo, Martín Rico y de los franceses Meissonier y Paul Baudry, ampliaba de forma notoria la sección del siglo XIX del Museo, como la fechada en 1912, momento en que el coleccionista húngaro Marcel de Nemes legaba El socorro de Génova por el ­segundo marqués de Santa Cruz, de Antonio de Pereda. En este caso, a la calidad intrínseca de la obra se unía el hecho de que, al haber sido robada durante la invasión napoleónica, era el único de los cuadros encargados por el conde-duque de Olivares para decorar el Salón de Reinos del Buen Retiro que no poseía el Prado. Este mismo año se crea, por parte del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes -real decreto de 9 de junio de 1912-, el Patronato del Museo, organismo formado por prestigiosas personalidades del mundo de la cultura y dotado de amplias competencias respecto al funcionamiento de la galería, lo que obligará a Villegas a compartir sus antiguas atribuciones. De todas formas, durante este nuevo periodo directivo del maestro tampoco escasearán las donaciones a la pinacoteca, entre las que destaca precisamente la efectuada por uno de sus patronos, Pablo Bosch, en 1915. No en vano, para el Prado supuso incrementar sus colecciones de pintura flamenca y española de los siglos XV y XVI con importantes obras de Gérad David, El Bosco, Bernard van Orley, Fernando Gallego, Luis de Morales o El Greco, entre otros. Casi al tiempo, se localizaba la notable Estigmatización de san Francisco, de Giovanni Battista Tiepolo, en los almacenes del Museo, tela que, pese a su mal estado de conservación, pronto sería expuesta al público tras un notable trabajo del taller de restauración. El descubrimiento, en septiembre de 1918, del robo de algunas de las piezas del Tesoro del Delfín, expolio realizado por un antiguo celador de la pinacoteca, provocará, en todo caso, la dimisión de Villegas como director apenas dos meses después, con lo que pone punto final a su larga gestión al frente de la galería (Castro, A. en E.M.N.P., 2006, tomo VI, pp. 2190-2192).

Su autorretrato corresponde a la obra P06461 del Museo del Prado.

Obras (4)

Autorretrato
Óleo sobre lienzo, Hacia 1898
Villegas y Cordero, José
Jacinto Octavio Picón
Óleo sobre lienzo, 1903
Villegas y Cordero, José
La vuelta del rebaño
Acuarela sobre papel, Hacia 1877
Villegas y Cordero, José
Campesina o El Otoño
Acuarela sobre papel, Hacia 1877
Villegas y Cordero, José

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