Bacante
1871. Mármol.Depósito en otra institución
Tras la estancia durante seis años en Roma pensionado por el Gobierno, y dos más en que continuó haciendo obras particulares, no hay certeza de si pudo haber modelado en barro esta estatua todavía en la Ciudad Eterna, si tomó allí notas para su elaboración, o si fue ya una obra ejecutada íntegramente en Madrid. Pero lo que sí es evidente es que esta escultura es el reflejo de sus estudios en Roma de 1861 a 1868, claramente influenciado por Lorenzo Bartolini (1777-1850), gran defensor del “bello ideal”, junto con la impronta de su formación inicial con Sabino de Medina (1814-1888). Ambos referentes lo alejan de la carnalidad, la sensualidad o el erotismo que podía plantearse al tratar el tema propuesto, o la agitación del cuerpo que otros escultores, particularmente franceses, trasmitían de modo muy realista, y a la vez romántico, al esculpir este asunto.
Es un modelado anatómico de tipo académico de gran suavidad en las formas, que busca la naturalidad idealizada, contrastando la minuciosa ejecución del desnudo adolescente de modelado terso en el cuerpo, pero con el rostro menos logrado en su expresión. No profundiza en el estudio de los músculos o de las venas, a excepción del cuello en tensión que es el que intenta trasmitir un momento concreto. En el mismo sentido académico, ha planteado el estudio de plegados sobre los que apoya el brazo y rodean parte del muslo izquierdo.
Su actitud es de cierta languidez, por efecto de los vapores del vino, bebida con la que habría alcanzado la catarsis, por lo que se apoya sobre el brazo izquierdo, ha dejado caer bajo sus piernas un jarro que estaría ya vacío de vino, y sostiene en su mano derecha el pie de una copa -hoy desaparecida-, y en la izquierda una pandereta. La joven va tocada, sobre el largo y rizado cabello, con una corona de pámpanos y frutos, siendo todos ellos atributos báquicos.
En la tradición de las esculturas italianas de mitad del siglo XIX que le pudieron inspirar, apenas hay modelos de esculturas exentas donde se aprecie dónde tiene lugar el hecho, y este caso en lugar de apreciar un lecho rocoso o estar rodeada de vegetación, se plantea la figura sobre una peana completamente lisa. La composición remite y sigue la estela del citado escultor Bartolini en su elegante Ninfa del escorpión de 1843-1844, hoy en el Louvre, cuyo tratamiento de torso, senos y vientre, así como el acabado de las superficies corporales, es muy cercano. E incluso, en la misma línea de la Bacante reclinada, esculpida por Luigi Bienaimé hacia 1838 y que hoy se encuentra en el Hermitage.
Presentó ese desnudo, todavía en escayola, a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1871, único certamen de este tipo que tuvo lugar durante el reinado de Amadeo I. Participó junto con dos obras más, que hicieron sombra a la Bacante, pues fueron ambas particularmente reconocidas en la producción del escultor: Narciso en la fuente en escayola, y Santa Teresa de Jesús en éxtasis, en mármol.
Años más tarde, en 1882, ya concluida en material definitivo -en mármol-, el escultor la ofreció en venta al Estado, que la adquirió en 7500 pesetas por Real Orden de 6 de julio de 1882. En 1898 pasó al Museo de Arte Moderno de Madrid, donde aparece mencionada ya en su primer catálogo, y en 1911, por Real Orden de 30 de enero, fue depositada en la Diputación Provincial de Asturias, pasando en 1980 al Museo de Bellas Artes en Oviedo.
Martín Riesco mantuvo estas características estéticas en muchas de sus obras, donde quedó reflejado su gusto personal, y su compromiso como académico desde 1873, donde ya en su discurso de ingreso dejó señaladas sus prioridades escultóricas.
Azcue Brea, Leticia, 'Elías Martín Riesco. Bacante'. El factor Prado: los depósitos del Museo Nacional del Prado., Museo de Bellas Artes de Asturias,, 2022, p.158-161 nº 35