Bodegón de peces y tortuga
Hacia 1680. Óleo sobre lienzo, 75 x 91 cmSala 005
Sobre un paisaje rocoso y marítimo, Giuseppe Recco, considerado el máximo exponente napolitano del género de la naturaleza muerta, dispone un conjunto de peces, moluscos y algas. En el centro destaca una tortuga, el único animal que parece estar vivo en medio de una escena en la que predomina lo inerte.
Centrado en la rhopografia (del latín rhopos, ʻtrivialʼ o ʻinsignificante’), o representación de las “pequeñas cosas”, del mundo marino, el artista evidencia una notable destreza para captar las texturas, los brillos y las transparencias. Esta sensibilidad hacia el mundo físico es propia del Barroco, que aunó la visión de las ciencias naturales con la comprensión de la naturaleza como manifestación de lo divino. Por ello, Recco logra dotar de aura a una escena marina donde no acontece ninguna acción. Se trata de una obra excepcional ante todo por la elección de los motivos representados. La mayor parte de los bodegones del período suelen estar relacionados con los espacios interiores, especialmente con la cultura de la mesa, la despensa y la cocina, si bien en la escuela napolitana el tópico marino era más frecuente. En este caso, aunque el artista elige un espacio exterior, lo que nos muestra parece ser un bodegón de pesca, un estadio anterior a la llegada de los alimentos a la mesa.
En esta singular pieza, el contraste entre la tortuga viva y los otros animales muertos allana el camino para la reflexión propia del género del bodegón: el paso del tiempo, la caducidad de la vida y, en última instancia, la muerte. En otras obras de Recco en la colección del museo, como Bodegón con peces (P320), la puesta en escena cambia considerablemente, pues muestran despensas donde la fauna y la flora marina conviven con otros alimentos y utensilios de cocina. Si bien Bodegón de peces y tortuga difiere del resto de la producción de Recco en el Prado, existen al menos dos obras similares, ambientadas en espacios exteriores y donde el papel de la tortuga viva es protagonista, en el Museo di Capodimonte, en Nápoles, y en una colección particular de Florencia.
Giuseppe Recco perteneció a una familia dedicada al bodegón en Nápoles, un centro artístico relevante en la producción del género. Más allá de sus vínculos familiares, se le relaciona con otros artistas napolitanos de renombre del período, como Luca Giordano (1634-1705) y Paolo Porpora (1617-1673). La ciudad partenopea estuvo marcada en el siglo xvii por sus extensas redes de mecenazgo favorecidas por el virreinato español, y fue una de las más grandes del sur de Europa. No obstante, si en el plano cultural gozaba de esta preeminencia, su faceta política y económica se situaba en las antípodas, de forma que puede decirse que existían dos Nápoles diferentes. Bodegón de peces y tortuga se encuadra en este mundo de claroscuros.
Las primeras noticias documentales que se tienen de esta pintura de Recco la sitúan en 1745 en la antigua quinta del Duque del Arco como perteneciente a la colección de Felipe V. El lienzo había pasado a formar parte de la colección del monarca tras la donación de María Ana Enríquez de Cárdenas, viuda del duque del Arco, Alonso Manrique de Lara y Silva, persona de gran confianza del rey. El primer documento que sitúa el lienzo de Recco en el Prado es el inventario realizado en 1834 a la muerte de Fernando VII. Sobre el traslado de la obra desde la quinta al museo no se tienen documentos. En el inventario del Real Museo de 1857 la pintura se situaba en el “pasillo de la sala de las Alhajas”.