Caballero santiaguista
1580 - 1585. Óleo sobre lienzo, 109 x 80 cmDepósito en otra institución
Esta obra tiene unas medidas casi idénticas y la misma procedencia, de la quinta del duque del Arco, que el Retrato de dama de Pulzone (P1029). Además, los dos retratos comparten una filiación estilística común, un similar sentido compositivo y una disposición de las figuras complementaria. El colorido, la iluminación y el ductus pictórico también coinciden. Las dos efigies siguen las fórmulas habituales del retrato cortesano de mediados del siglo XVI: una equilibrada mezcla de distancia, distinción, sencillez compositiva y suntuosidad indumentaria que dan continuidad a las fórmulas del retrato del norte de Europa y en especial a las empleadas por Antonio Moro para efigiar a sus retratados con un severo y frío realismo.
Las dos figuras están representadas en primer término, de casi tres cuartos y de frente, aunque en ligero y complementario escorzo, la dama hacia la izquierda y el caballero hacia la derecha. La disposición de las manos también mantiene una elocuente concordancia: la mano derecha de ambos se desplaza hacia el abdomen, en un ademán que Pulzone repite en otros retratos. La dama entrelaza el pulgar en el collar de perlas mientras que el caballero reposa la mano en la cadena de la que pende la medalla de la orden de Santiago. Con la izquierda, los dos personajes repiten convenciones habituales en este tipo de representaciones: ella se apoya en el respaldo de un frailero y él toma con determinación la empuñadura de la espada.
La indumentaria de los dos personajes es un sofisticado alarde de riqueza textil característico de este tipo de retratos y en el que Pulzone puso especial énfasis, por lo que llegó a convertirse en una de sus señas de identidad pictórica. La mujer viste saya con mangas redondas y toca de cabos guarnecidos por ricas puntas, pareja a las suntuosas botonaduras o las cinturas propias de las grandes damas de la corte filipina. Destaca, no obstante, el singular rubí que lleva al cuello, de gran tamaño y con irregular forma de pequeño pimiento. El Caballero santiaguista viste un jubón en seda azul labrada sobre laminilla de plata. El coleto, de faldillas cortas y brahones estrechos, se guarnece con pasamanos de oro y seda negra en franjas verticales sobre el ante de finísimo acabado. En la cintura lleva el talabarte para sujetar la espada y la pretina, a la que se engancha una escarcela, todo ello de excelente manufactura.
El minucioso realismo con el que están realizados ambos retratos se prolonga en el uso de una iluminación cuidada y efectista que modula la suave transición de las sombras y la delicada superficie de rostros y manos, adornadas por distintas piezas de joyería y ligeramente cubiertas por los encajes. Nótese por ejemplo la cuidadosa resolución de la puñeta sin almidonar de la mano izquierda del caballero, o la descripción de orfebre de la cadena, la insignia, la botonadura o la empuñadura de la espada. Todo está concebido con el incisivo ilusionismo óptico que caracterizó a Scipione Pulzone y que sirve para recordar lo anotado en 1642 por Giovanni Baglione: “Imitava con li colori tutte le sorti di sete et di drappi tanto felicm[en]te che bisognava toccare la pittura per non esser ingannato”.
No podemos estar seguros de que los dos retratos se concibieran como pareja, pero está claro que son muchos los elementos que lo sugieren.
Ruiz Gómez, Leticia, Retratos de Scipione Pulzone en el Museo del Prado. Boletín del Museo del Prado, 2025, p.26-36 fg.2