Capilla ardiente de Luis Álvarez Catalá
1901. Gelatina / Colodión sobre papel fotográfico, 243 x 186 mmNo expuesto
El pintor Luis Álvarez Catalá (1836-1901) dirigió el Museo del Prado desde 1898 hasta su muerte en 1901. Falleció en el cargo y, siguiendo la costumbre de la época para estos casos, su capilla ardiente se colocó en la rotonda que da acceso a las salas de la galería principal del Museo. La prensa describe cómo en esta zona se alzaba un modesto túmulo sobre paños negros adornados con oro y, sobre él, el féretro de ébano. A su alrededor había coronas de flores y gruesos cirios y, en el testero mayor, un enlutado altar con un crucifijo. Numeroso público pasó a despedir al maestro. La capilla ardiente de Álvarez Catalá fue sencilla y carente de la opulencia que en 1894 había tenido la de Federico de Madrazo. Quizá por eso el fotógrafo descartó la idea de captar el espacio en torno al féretro, prefiriendo centrarse en la figura del propio personaje, ataviado con frac y con las condecoraciones de la Orden de Isabel la Católica, de la de Carlos III y de la Legión de Honor en su solapa.
Representado de medio cuerpo, con la cabeza reposando sobre una almohada y el rigor mortis ya palpable en su rostro, este retrato post mortem, del que el Prado conserva varias copias, rinde, por última vez, homenaje al artista madrileño.
Sánchez Torija, Beatriz, 'Autoría desconocida. Capilla ardiente de Luis Álvarez Catalá'. Arte y transformaciones sociales en España (1885-1910), Madrid, Museo Nacional del Prado, 2024, p.260-262 nº161