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Cortejo del bautizo del príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, por las calles de Sevilla
Pradilla y Ortiz, Francisco
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Pradilla y Ortiz, Francisco

Villanueva de Gállego, Zaragoza, 1848 - Madrid, 1921

Miniatura autor

Discípulo en su tierra natal del escenógrafo Mariano Pescador, se formó hasta 1865 en la Academia de San Luis de Zaragoza. Tras trabajar algún tiempo con los célebres escenógrafos de la capital Ferri y Busato, cursó estudios en la Academia de Bellas Artes de San Fernando y frecuentó asiduamente el M ...

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Cortejo del bautizo del príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, por las calles de Sevilla

1910. Óleo sobre lienzo, 193 x 403 cm.

El magnate vasco Luis de Ocharan y Mazas (1858-1928); personaje destacado de la sociedad industrial de la época, encargó a Pradilla dos grandes lienzos de argumento histórico para cubrir las paredes de su nueva residencia, ambos hoy en el Prado, en los que destiló la esencia más depurada de su mejor estilo, en un género que ya por entonces había perdido todo su sentido monumental para quedar relegado a propósitos fundamentalmente ornamentales, aunque sin perder por ello el más mínimo matiz de sus calidades pictóricas. Así, Pradilla pintaría en 1907 para la nueva casa del industrial bilbaíno un primer lienzo, La reina doña Juana la Loca recluida en Tordesillas con su hija, la infanta doña Catalina (P7600), versión ampliada con ligeras variantes del exquisito cuadro de caballete firmado el año anterior, también conservado en el Museo, que Ocharan había visto, y del que encargaría al artista esta repetición a mayor tamaño. Poco después, y para otro de los muros de su flamante residencia cántabra, Ocharan volvería a pedir al viejo maestro que pintara el presente lienzo, resuelto con toda la suntuosidad decorativa a que invita la celebración fastuosa de su argumento, inspirado de nuevo en un pasaje de la biografía de los reyes Fernando e Isabel y extraído directamente de las crónicas históricas, según especifica el propio autor en la larga inscripción pintada al dorso de la tela.

En efecto, el desarrollo pictórico de tan deslumbrante y espectacular procesión se inspira al dictado en el tomo I de la Historia de los Reyes Católicos D. Fernando y D.a Isabel. Crónica inédita del siglo XV, escrita por el bachiller Andrés Bernaldez, cura que fué de los palacios, tomada con toda probabilidad a través de la edición publicada en la imprenta y librería de don José María Zamora de Granada, en 1856. En su capítulo XXXII, titulado El nacimiento e bautizo del Principe D. Juan, se narra este episodio de la vida del único hijo varón de Fernando e Isabel, nacido en el Alcázar de Sevilla En 30 días del mes de junio del año susodicho de 1478 años, entre las diez e once horas. Haciendo gala de su dominio absoluto de todos los recursos del género, Pradilla se ciñó estrictamente al texto antiguo, concibiendo el cuadro con su más depurado verismo arqueológico en la representación de modas, objetos y enseres, pintados con toda la maestría de su mejor arte, destilado ya en estos años por un asombroso refinamiento del dibujo y una exquisita utilización del color rico y brillante, empleado aquí con una gran audacia, exigida por la matización de la luz cegadora del sol andaluz en contraste violentísimo con amplias zonas de penumbra, proyectada por el entoldado que cubre todo el trayecto.

En una primera visión del lienzo, asombra sobre todo la extraordinaria habilidad compositiva del maestro, así como su especial sentido del espectáculo fastuoso, acentuado en esos años finales en sus cuadros históricos. En efecto, entrado ya el siglo XX, Pradilla cede a la imponente monumentalidad de sus obras de juventud en favor de una mayor riqueza decorativa de las escenas, inundándolas de personajes secundarios y elementos suntuarios que infunden un movimiento efervescente y una sensación de lujo recargado, descritos con el extraordinario virtuosismo preciosista característico del estilo maduro de este maestro, atento a los más mínimos detalles de figuras y ornamentos.

En tan apabullante despliegue de decoración y gentío, pueden no obstante distinguirse a los principales personajes del acontecimiento nombrados en el texto, destacando el pintor con un intenso claro de luz solar la figura del ama que porta en sus brazos al regio neófito, protagonista principal del acto, que queda sin embargo envuelto por la muchedumbre que llena la composición. Les rodean y anteceden los regidores de la ciudad, cabalgando tras ellos el conde de Benavente que lleva a la grupa a la duquesa de Medina, quien asoma tras su hombro mirando tímidamente al recién nacido príncipe. Tras ellos pueden verse, entre el resto de la comitiva, el alegre grupo de las damas de la duquesa a caballo y los músicos tañendo sus instrumentos (Texto extractado de Díez, J. L.: El Siglo XIX en el Prado, Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 340-347).

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Ficha técnica

Número de catálogo
P07601
Autor
Pradilla y Ortiz, Francisco
Título
Cortejo del bautizo del príncipe don Juan, hijo de los Reyes Católicos, por las calles de Sevilla
Fecha
1910
Técnica
Óleo
Soporte
Lienzo
Dimensión
Alto: 193 cm.; Ancho: 403 cm.
Procedencia
Legado María Luisa Ocharán Aburto, 1991

Bibliografía +

Exposition de Peinture Espagnole Moderne. Catalogue Officiel, Imp.Art, París, 1919.

Garcia Loranca, A., Vida y Obra del Pintor Francisco Pradilla Ortiz, Caja de Ahorros, Zaragoza, 1987, pp. 145-148.

Últimas adquisiciones: 1982-1995, Museo del Prado, Madrid, 1995, pp. 112.

Museo Nacional del Prado, Museo del Prado: inventario general de pinturas, III, Museo del Prado, Espasa Calpe, Madrid, 1996.

Isabel la Católica y el arte, Real Academia de la Historia: Marquesa Viuda de Arriluce de Ybarra, Madrid, 2006, pp. 97-124.

El siglo XIX en el Prado, Museo Nacional del Prado, Madrid, 2007, pp. 340/ lám.80.

Otros inventarios +

Inv. Nuevas Adquisiciones (iniciado en 1856). Núm. 2257.
Autor: PRADILLA ORTIZ, Francisco / 2257. Título: Cortejo del Bautizo del Príncipe D. Juan, hijo de los Reyes Católicos. / Tipo de obra: Pintura / Técnica/Soporte: Óleo sobre lienzo / Medidas: 1,93 X 4,03 m. / Nº de catálogo: P07601. / Observaciones: Firmado y fechado en el ángulo infe- / rior derecho: “F. Pradilla Ortiz / Madrid / Año 1910” / Inscripción al dorso: “Cortejo del bautizo del Príncipe / Dn. Juan, hijo de los Reyes Católicos, el 9 de julio del / 1478, ocurrido en Sevilla. (Según la relación / del Bachiller Andrés Bernáldez, en su Crónica / inédita del Siglo XV). / Pintado al óleo sobre / tela de mt. 4,05 ancho por 1,94 de / alto, por encargo directo del Sr. D. Luis de Ocharán, / de Castro Urdiales/Madrid año 1910/Fran- / cisco Pradilla Ortiz”. / Legado testamen- / tario ...

Exposiciones +

El Siglo XIX en el Prado
31.10.2007 - 20.04.2008

Objetos presentados +

Armadura

Objeto litúrgico

Cruz

Laúd: Se ve parcialmente en manos de un joven situado en el borde derecho del cuadro. Parece querer evocar un laúd pequeño, dado el contorno de la caja. En todo caso es un instrumento de cuerda pulsada, dada la posición de la mano derecha del instrumentista. No puede saberse con certeza ya que se halla en el límite derecho del cuadro y no está completada su representación. La caja de resonancia parece tener forma de pera con una boca decorada con un rosetón. El laúd evoluciona a partir del “ud”, originado en Medio Oriente, que aparece en Occidente en los siglos IX y X a través de la cultura andalusí de la península Ibérica. Floreció en toda Europa desde el Medioevo al siglo XVIII (Proyecto Iconografía Musical, UCM).
En el siglo XVII el laúd era uno de los instrumentos más apreciados en Europa para el acompañamiento de voces y de conjuntos instrumentales, formando parte del “bajo continuo”. Tuvo también un extenso repertorio como instrumento solista.

Trompeta: Detrás del palco de las mujeres, a la derecha del espectador, hay tres trompetas rectas, heráldicas, de metal dorado, con sus estandartes. El tubo se ha pintado ligeramente cónico cuando debería ser cilíndrico y estrecho hasta el final abierto en campana. En la obra aparecen como instrumentos heráldicos que acompañan la entrada o el paso de personas importantes (Proyecto Iconografía Musical, UCM).

Instrumentos de cuerda / cordófonos: En la parte inferior derecha se representan a diversos instrumentos musicales. Pues el primero, más cercano al espectador es un cordófono pulsado que evoca una vihuela o guitarra renacentista de tamaño pequeño (adaptado quizás a la proporción infantil del tañedor). El instrumento tiene un mástil corto, la forma de la caja es oval, y el clavijero en ángulo está pintado sin verosimilitud y no corresponde a la morfología de estos instrumentos. No es posible definir el número de cuerdas. La vihuela tuvo un importante desarrollo en la España de los siglos XV y XVI, contemporánea a la expansión del laúd en Europa. Poseyó una amplia y rica literatura musical escrita en tablatura. Su morfología es semejante a la de la guitarra, con una caja con estrechamiento central en forma de ocho, seis órdenes de cuerdas de tripa afinadas como las del laúd y tapa decorada con rosetas. La guitarra renacentista tenía características similares y en lo común, cuatro órdenes de cuerdas (Proyecto Iconografía Musical, UCM).

Estandarte

Gaita: En la procesión, tras el segundo flautista, desfila un gaitero que tañe el instrumento. Poco definido, sólo se ve el fuelle de color rojo y negro, la pieza para introducir el aire soplando y un bordón largo apoyado en el hombro izquierdo del instrumentista. Este gaitero parece representar el mundo popular dentro del conjunto de la procesión, aunque su inclusión no obedece a criterios musicales ni históricos, al igual que los demás músicos (Proyecto Iconografía Musical, UCM).

Espada

Armas de fuego

Flauta travesera: Entre los instrumentos musicales se representan a dos flautas traveseras. Una, en la parte inferior derecha, el niño que está detrás del vihuelista/guitarrista tañe lo que parece una flauta travesera de tamaño pequeño. La colocación del tubo, hacia el hombro izquierdo del tañedor, no es apropiada en la actualidad ni lo era en la fecha de la pintura. Se describe con un tubo cilíndrico de color madera y agujeros digitales. Parece una evocación del mundo instrumental medieval y renacentista. La otra, en la procesión y a la derecha del tiorbista (izquierda del espectador), una joven con corona de flores tañe una flauta travesera. El instrumento no está descrito en detalle. Parece un tubo cilíndrico de color madera con agujeros digitales (por la posición de los dedos). Está colocado en la posición correcta, con el tubo hacia el hombro derecho del instrumentista. La flauta aparece en Occidente alrededor del siglo XII. La flauta representada tiene las características de las flautas renacentistas, construidas en una sola pieza, de cuerpo cilíndrico, con unos seis pequeños orificios y anterior a la reforma que se llevó a cabo en su construcción, en Francia durante la segunda mitad del siglo XVII. En esta reforma se cambió el tubo cilíndrico por un tubo mixto, dividido en fragmentos que combinan la perforación cilíndrica con la cónica. No es muy frecuente la aparición de este instrumento en la iconografía musical española (Proyecto Iconografía Musical, UCM).
Su uso fue corriente en un principio entre los juglares y trovadores, pero ganó progresivamente fama entre los músicos en la corte y de la burguesía en siglos posteriores. Tanto la flauta dulce como la travesera se usaron en el Barroco en conjuntos instrumentales, al tiempo que se les dedicó un amplio repertorio solista.

Archilaúd / tiorba: En la parte inferior derecha, el instrumento que más destaca es la tiorba o archilaúd ya que en la representación no se distingue si los bajos tienen cuerdas únicas o dobles. El instrumento está ricamente decorado de acuerdo con la riqueza general del cuadro. La caja de resonancia tiene varias rosetas, como podían tener este tipo de instrumentos. El mástil, con su característico doble clavijero presenta seis clavijas en la parte inferior y cuatro en la superior, aunque esto último no se puede distinguir con claridad. La manera de tocar no parece verosímil. La morfología de este instrumento puede corresponder tanto al archilaúd (chitarrone en italiano) como a la tiorba. Ambos se desarrollaron a partir del laúd renacentista en Italia a finales del siglo XVI, en respuesta a la búsqueda de sonoridades más graves, añadiendo cuerdas (y por tanto clavijeros), lo que permitía aumentar la tesitura y el volumen sonoro respondiendo a las exigencias del acompañamiento de voces e instrumentos. Más tarde se utilizó para realizar el bajo continuo en las formaciones de cámara y orquestas barrocas, pero pronto los laudistas se sintieron atraídos por su riqueza tímbrica y compusieron numerosas obras para tiorba solista y dúo de tiorbas (Proyecto Iconografía Musical, UCM).

Corona de flores

Corona dorada

Fecha de actualización: 03-12-2016 | Registro creado el 28-04-2015

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