Descanso en la huida a Egipto
1691. Madera, 71 x 58 cmSala C
En el mundo de la escultura, en el que el esfuerzo físico tenía una particular consideración, la aparición de una mujer como Luisa Roldán tomando el protagonismo en los talleres en el trabajo de la madera, pero también en los pequeños y delicados conjuntos de materiales como el barro, supone una enriquecedora novedad respecto a las posibilidades que ofrecía el ejercicio artístico. Esta escultura del Descanso en la Huida a Egipto, junto a La educación de la Virgen, ahora en el Museo Nacional de Escultura, ha formado parte de la colección Güell, una de las más emblemáticas de escultura de nuestro país. Ambos conjuntos ya eran mencionados en 1906, cuando el marchante londinense Lionel Harris los ofrecía a Archer M. Huntington señalándole, como atractivo, que se encontraban dentro de vitrinas con pinturas en el interior y que procedían del Palacio Real de Madrid, pero sin proporcionar más datos documentales al respecto que una llamada general al Diccionario de Ceán Bermúdez. La cuestión es que la producción, en muchos casos, seriada de Luisa Roldán y la reiteración de los temas hace difícil identificar la pieza.
Las obras responden a los esquemas que utilizó la autora en lo que se refiere a composición y dimensiones, así como al tipo de temática de escenas amables de la infancia de Cristo y de María, tratadas con una extrema minuciosidad y con un exquisito nivel de detalle, tanto en las anatomías como en la manifestación de la naturaleza, como sucede con el árbol que proporciona un fondo a la escena del primer plano, formada por la Virgen con el Niño, flanqueados por San José y un ángel en posición de adoración. El modelo del Descanso en la Huida a Egipto, es prácticamente idéntico a uno de los grupos conservados en la Hispanic Society de Nueva York, de acuerdo con esa mencionada idea de serialidad estandarizada con la que trabajó la escultura realizando obras con excelente aceptación en el ámbito privado. En este caso la obra añade un punto de interés por mostrar en la base la firma y la fecha de 1691, proporcionando una coordenada cronológica muy precisa. El mismo hecho de la firma, que abundantemente aparece en su producción, es un gesto que está rompiendo con la tradición anterior, sumándose a un aspecto que se estaba generalizando en la escultura napolitana. Y algo similar sucede con la peana, de gran calidad formal y que responde a modelos de la misma procedencia.
Este instante será un punto de inflexión, asimismo, en lo que se refiere a su producción en Andalucía y aquí nos encontraríamos ante la primera obra firmada en Madrid, y que está marcando esa orientación hacia un género que va a abastecer un comercio dedicado a la casa real y a los ámbitos aristocráticos. Precisamente al año siguiente, en 1692, era nombrada escultora de cámara, distinción que supuso una novedad en el panorama de la escultura española. Es bastante plausible que tanto este grupo, como el que ahora se ha incorporado a las colecciones del Museo Nacional de Escultura hubieran pertenecido a Cristóbal de Ontañón, caballero de Santiago y diplomático, que había estado en Nápoles y que fue uno de los artífices de la llegada a la corte de artistas como Luca Giordano. Luisa Roldán, que había tenido una participación muy activa en el taller sevillano de su padre, Pedro Roldán, pasará a desarrollar su trabajo de manera independiente, tras pasar por Cádiz, trasladándose a la corte, asociada con su esposo, Luis Antonio de los Arcos, dando lugar a una producción que combina la escultura con la policromía, en la que participa su cuñado, Tomás de los Arcos para obtener como resultado obras de exquisita finura.
Escultora de cámara de los reyes Carlos II y Felipe V, gozó de fama en vida, siendo nombrada académica de San Lucca en Roma y su personalidad trasciende su tiempo ocupando un espacio distinguido como una singularidad al lado de artistas masculinos de extraordinario prestigio. Una prueba es que, precisamente en la denominada fachada de Velázquez, la principal del edificio de Juan de Villanueva, en el Museo del Prado, su nombre figure en ese elenco, como única autora femenina (Texto extractado de M. Arias, Memoria de Actividades 2025, Museo de Prado, e. p.)