Jarrón con pedestal
Siglo XVIII. Mármol, 252 x 98 cmFachada Norte
Con motivo de la Jura de la Princesa Isabel Luisa, en junio de 1833, solo se habían colocado en la fachada del Museo ocho estatuas de alegorías en yeso en las hornacinas, y para las otras ocho hornacinas restantes el vaciador José Pagniucci realizó ocho jarrones en yeso. Dado que durante tres generaciones, abuelo, padre e hijo firmaron igual, se han solido adjudicar al tercero de la saga Pagniucci y Zumel, nacido en 1821. Hasta ahora no se había aclarado cuál de los Pagniucci los hizo, pues durante tres generaciones abuelo, padre e hijo se llamaron igual, y se han solido adjudicar al tercero de la saga, José Pagniucci y Zumel (1821-1868). Sin embargo, dadas las fechas, necesariamente tendría que tratarse del segundo, José Evaristo Pagniucci y Baratta, españolizado Panuchi (fines del siglo XVIII-1871), alumno de la Real Academia de San Fernando, de la que llegó a ser vaciador desde 1813, seguramente trabajando con su padre, con sueldo fijo desde 1833 y que trabajó también para la familia real. Modeló, vació, repasó en yeso y colocó ocho jarrones con sus pedestales "interin se modelan las Estatuas que deben ir en los cuadrantes de la dicha fachada". Avanzado el trabajo, solo se modelaron doce alegorías pero había dieciséis hornacinas, por lo que en las cuatro vacías se quedaron los jarrones de yeso realizados por Panuchi y Baratta.
Respecto a los dos jarrones de piedra, éste y su pareja O947, el investigador don Fé Hernández dió con la clave: Pagniucci siguió el modelo decorativo de dos jarrones de mármol que habían estado en La Granja, y que se habían traído en 1804 al taller de mármoles de Palacio Real de Madrid debido a su lamentable estado. Los documentos muestran que dos jarrones estaban concluidos en material definitivo en 1848, a falta de pies y basas, pero «no hay ni piedra para los dos restantes». En 1854 el director recordaba que al estar las esculturas concluidas en piedra, faltaba sustituir los cuatro jarrones de yeso por otros en piedra, y que, efectivamente, ya «había dos jarrones en mármol, sin restaurar, y sin tapas, y faltaba hacer estas y los dos jarrones restantes». Es decir, que los dos jarrones que se citan en mármol serían, en realidad, los procedentes de La Granja que, muy deteriorados habían sido usados como floreros y todavía estaban sin restaurar. En 1857 se pensó incluso en modelar cuatro esculturas para colocarlas en lugar de los jarrones, aunque sin éxito.
Todo indica que los dos jarrones en mármol para la fachada principal, ya totalmente restaurados –tienen una gran cantidad de injertos–, son los que se trasladaron a principios del siglo XX a las hornacinas de la fachada norte del Museo del Prado.
Azcue Brea, Leticia, El ornato exterior del Museo del Prado. Un programa escultórico inacabado.. Boletín del Museo del Prado, Madrid, Museo del Prado, 2012, p.98-126 [110-111, 114]