Júpiter y Licaón
1636 - 1638. Óleo sobre lienzo, 120 x 115 cmNo expuesto
Licaón, un horrible gobernador de la Arcadia que sembraba el terror en su región, quiso comprobar la divinidad de Júpiter dándole de comer carne humana. Ovidio narra esta historia en el libro I de las Metamorfosis (207-243:) "(...) Al principio Licaón se rió de su piadosas plegarias, después dijo: "Voy a ver con una prueba clara, si éste es un dios o un mortal, y la verdad será indubitable" (...) a un rehén enviado por el pueblo moloso le cortó el cuello con el filo de su espada y una parte de los miembros, y así semimuertos, los ablandó en agua hirviendo y otra la tostó sobre el fuego. Tan pronto como las sirvió a la mesa, yo con rayo vengador hundí su casa (...) la ropa se transforma en pelo, en patas los brazos: se convierte en lobo y conserva las huellas de su antigua figura".
En el boceto Rubens, conservado hoy en el Museo Municipal de Rochert-sur-Mer (núm. 74), decide fundir en una sola escena el banquete, el castigo de Júpiter y la transformación de Lycaon en lobo, sin descuidar detalles concretos de la narración de Ovidio como el aspecto aún humano de Lycaon una vez convertido en lobo, mostrándolo aquí aún vestido de hombre. Además incorpora el águila que porta los rayos con los que destruyó a tirano. Según S. Alpers, autora del único estudio completo del encargo de Rubens para la Torre de la Parada hasta la fecha, para esta composición Rubens no sigue los ejemplos de ediciones ilustradas de Ovidio de autores como Lyons, Leipzig o Tempestá sino que, prescindiendo de la representación del pueblo, centra la atención de la composición en el momento de mayor drama de la narración, algo que hace en la gran mayoría de las obras de la Torre de la Parada.
Los lienzos para la Torre de la Parada fueron realizados en torno a 1636-1638 aproximadamente, siguiendo la correspondencia entre el Cardenal Infante Don Fernando, gobernador de Flandes en el momento del encargo, y su hermano el rey Felipe IV.
La decoración de la Torre de la Parada, en cuyo proyecto también participaron otros autores como Velázquez, fue el mayor encargo que Rubens recibió de Felipe IV. A partir de 1636 se enviaron desde Amberes a Madrid más de sesenta obras para esta casa de recreo situada en los montes del Pardo. La mayor parte de las escenas narraban las pasiones de los dioses, según fueron descritas en las Metamorfosis del poeta romano Ovidio y otras fuentes clásicas. Para llevar a cabo un proyecto tan amplio, Rubens realizó pequeños bocetos sobre tabla, donde capta la esencia moral de las historias y las actitudes de los personajes. Estos bocetos sirvieron de base para la elaboración de los lienzos definitivos.
El Museo del Prado conserva diez de los bocetos de Rubens, nueve de ellos donados en 1889 por la duquesa de Pastrana, y uno adquirido en el año 2000. El Prado también conserva la mayoría de los lienzos realizados a partir de los diseños de Rubens para la decoración de este lugar (muchos de los cuadros fueron pintados por otros artistas).
(Información revisada y actualizada por el Departamento de Pintura Flamenca y Escuelas del Norte del Museo Nacional del Prado, 2014).