La Lamentación ante Cristo muerto
1460. Técnica mixta sobre tabla, 148 x 97 cmNo expuesto
Procedente del Real Monasterio de Santa María de Guadalupe (Cáceres), esta solemne Lamentación presidía probablemente un retablo dedicado a la vida de la Virgen del que se han conservado dos tablas más, hoy en una colección particular (representan las Marías en el Sepulcro y la Natividad). En 1926, las tres aparecían reproducidas en un breve texto de José Peñuelas, que durante su visita al palacio madrileño de los marqueses de la Romana las describía como “tres magníficas tablas de primitivos flamencos (?), procedentes de Guadalupe”. Las pinturas debieron de llegar al palacio madrileño con las colecciones de Pedro Caro y Sureda, III Marqués de la Romana, uno de los principales bienhechores del Monasterio de Guadalupe tras la desamortización. En 2003 las tres escenas reaparecieron en el mercado del arte madrileño y se separaron definitivamente. La procedencia guadalupeña de la Lamentación, junto a otras obras como el magnífico Crucifijo pintado que se conservado aún en el monasterio, fijan la actividad del Maestro del Tríptico del Zarzoso en Guadalupe durante un período de tiempo considerable. Las obras realizadas en Guadalupe presentan una creciente monumentalidad, ilustrativa del lenguaje de madurez del Maestro, que culmina con la Lamentación del Museo Nacional del Prado.
La proximidad de esta tabla con el Tríptico de la Natividad del Maestro del Zarzoso (P8184) se observa en la concepción abigarrada del espacio y en una forma idéntica de entender el paisaje, construido a partir de graciosas arquitecturas coloreadas de rosa y azul pálidos. Es instructiva también la comparación de las fisonomías de boca pequeña, mentón pronunciado y nariz alargada, los cánones estilizados de las figuras y sus delgadas manos de largos dedos.
Las dimensiones desmesuradas de los personajes y la falta de profundidad espacial, marcada con una alta línea de horizonte, indican que su autor sigue enraizado en las fórmulas del gótico internacional, aunque los voluminosos drapeados demuestran a la vez una considerable deuda del artista con el modelo de Roger van der Weyden. Esa asimilación resulta mucho más fácil de comprender en el contexto de creación de las tablas guadalupeñas, ya que durante los años 1450-1460, uno de los artistas más deudores de Van der Weyden activos en la península, el escultor bruselense Egas Cueman, trabajaba recurrentemente en Guadalupe.
La comparación de las obras del Maestro del Tríptico del Zarzoso con un Retablo de la Epifanía conservado en Toledo, firmado por Artifex philipus, ha llevado a identificarlos como un mismo autor. Argumentos estilísticos, documentales e iconográficos apoyan que el anónimo Maestro del Tríptico del Zarzoso, que debió estar trabajando en Guadalupe entre 1440 y 1475 , sea el mismo Maestro Felipe que firmó hacia 1440 el retablo de Toledo y que aparece en múltiples ocasiones citado en la documentación guadalupeña del siglo XV como “Maestro Felipe, el pintor”.
Castaño, Mireia, El Maestro del Tríptico del Zarzoso 'Maestro Felipe' pintor. Archivo español de arte, 2023, p.237-254 fg.5