La Virgen de Guadalupe, de México
Siglo XVIII. Enconchado sobre tabla, 75 x 62 cmNo expuesto
La Virgen de Guadalupe es un icono revelado, estampado en un soporte inaudito. El retrato impreso milagrosamente en la túnica de Juan Diego sería el “diseño” o la idea que tuvo en su mente “Dios Padre” desde el origen de los tiempos de la figura redentora de la Virgen María. Desde mediados del siglo XVII se creía una suerte de “fotografía” que hacía visible el misterio de la Inmaculada Concepción para avalar en América esta doctrina. Pocas imágenes podían presumir de ostentar un estatus tan elevado en la historia de las imágenes. Por ello, la península ibérica, en todos sus reinos y provincias, se fue poblando de “verdaderos retratos” guadalupanos. Numerosos estudios se han dedicado a rastrear las fuentes gráficas del tipo “marial” que encarna la Guadalupana de México. Esta advocación procede de una tipología -con sus variantes- muy difundida en el siglo XVI. La imagen responde a un modelo tardogótico de tradición nórdica, con los rayos lanceolados como personificación de la Mujer del Apocalipsis inflamada por el sol, con los manguillos de la túnica por los que asoman los puños y que son de un forro interior. Fue una tipología muy popular a mediados del siglo XVI, comparada con otros modelos peninsulares, todos con escabel lunar o en forma de angelillo. Este modelo circulaba entre los artistas de ambos lados del Atlántico desde el primer tercio del siglo XVI y en México quedó despojado del Niño en brazos para combinarse con el tipo de la “Tota Pulchra” en oración y en cinta que difundieron los frailes evangelizadores.
Esta iconografía difiere de la de la de la Virgen de Guadalupe del santuario de Nuestra Señora de Guadalupe de Cáceres. La extremeña es una representación de la Virgen como Madre de dios, con el Niño en brazos, y la mexicana está inspirada en el Apocalipsis. Pero ambas tienen en su origen la gracia que la divinidad otorga a hombres humildes, un milagro en el que interviene la mano divina, mostrándose a través de pastores o personajes humildes, para la realización del icono al que se da culto.
La Guadalupana de México es una imagen que se propagó masivamente en España, Italia y los virreinatos de Sudamérica entre mediados del siglo XVII y finales del XVIII. Las copias de la Virgen de Guadalupe de México conservadas en España ponen en valor las intensas relaciones entre la metrópolis y su virreinato, así como entre las familias o los personajes que desde ambos lados del océano intercambiaban recursos, deseos, aspiraciones y sentimientos. Al enviar desde Nueva España los retratos de la Virgen de Guadalupe, los españoles emigrados o sus descendientes tejían redes sociales o conexiones poderosas gracias a una geografía compartida.
Cuadriello, Jaime, 'Tipología figural, construcción visual y articulación devocional: travesía atlántica de la imagen de Guadalupe, 1550-1680'. Tan lejos, tan cerca: Guadalupe de México en España, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2025, p.55-115 [O.R]