Marco de El Descendimiento de la Cruz
Hacia 1547. Policromado, Estofado esgrafiado, Tallado, Ensamblado, Dorado al agua, 197,5 x 189 cmSala 049
La tabla del Descendimiento de Pedro Machuca está montada en un marco extraordinariamente ornamentado provisto de elementos arquitectónicos. A juzgar por la cartela que se halla en la zona inferior su hechura se acabó en 1547, según se desprende del texto de la misma. La tipología de este retablito está definida por dos pilastras y entablamento a las que se superponen columnas sobre pedestales, según modelos comunes en diversos conjuntos del momento y en frontispicios de libros coetáneos (Dionisio Aeropagita, Epístolas, Alcalá de Henares, 1541; Alfonso de Castro, De iusta haereticorum punitione libri tres, Salamanca, 1547; etc.).
El tipo de soporte empleado corresponde al denominado por Diego de Sagredo «columna monstruosa » en su obra Medidas del Romano, Toledo, 1526. Es habitual en la arquitectura renacentista española encontrar la yuxtaposición pilastra-columna. Las columnas del retablito están extraordinariamente ornamentadas, tanto los balaustres estriados —ligeramente forrados con hojas y adornados con figurillas monstruosas— como las diferentes formaciones de este tipo de soporte, con cabecillas extravagantes, algunas vegetalizadas, otras con apariencia felina, cabecitas infantiles con alas, guirnaldas... Los capiteles —de un corintio fantástico habitual en la arquitectura del momento— se decoran con hojas o cornucopias en calidad de volutas; los pedestales con figuras femeninas con el cuerpo inferior formado por una gruesa cola dragoniana, pegasos con colas serpentinas, centauros alados provistos de grupas enroscadas. Dentro de este repertorio grotesco destacan las figuraciones que salpican los frentes de las pilastras siguiendo el ritmo propio de la ornamentación «a candelieri», común a los paneles ornamentales de Zoan Andrea y Nicoletto da Modena. Se trata de motivos diversos donde aparece la figura humana vegetalizada (de cuerpo entero, mascarones) y elementos ligados a la guerra (corazas, cascos, picas, arcos) fundidos con otros alusivos a la Fortuna y a la Fama (escudos, cornucopias, racimos de frutas). Destaca también la figura inerte de un hombre amarrado con un lazo por la cintura; junto a él hay un par de arcos y un carcaj repleto de flechas, seguido de una coraza con picas entrelazadas, posiblemente ante la imagen del prisionero. El friso está bordado por una serie de figuras masculinas y animales fabulosos: en el eje central un templete —al modo de ciertos paneles ornamentales italianos— separa dos grupos. A la izquierda, un jinete en actitud bélica provisto de un bidente monta sobre un extraño cuadrúpedo con la grupa convertida en concha de caracol (posible imagen de la pereza o del prudencia) y dos guerreros desnudos cubiertos con yelmo y armados con escudo y daga que recuerdan a los del grabado de Hércules y los gigantes, según una composición de Antonio Pollaiuolo. Al otro lado del pabellón, un personaje sentado con un bidente y una pareja de hombres desnudos que parecen abrazarse, junto a un pegaso. Tal vez este programa iconográfico aluda a dos vertientes de la naturaleza humana: la rivalidad y la amistad, aspectos reforzados por el horrible cuadrúpedo de la izquierda y el caballo alado de la derecha, considerado normalmente como un animal benigno, aunque fabuloso.
La zona inferior del marco está recorrida por una amplia cartela rectangular que se funde a ambos lados con dos pegasos, en la que se halla pintada la siguiente inscripción: «ESTE RETABLO MANDO HAZER/ DOÑA INÉS DE CASTILLO MUGER/ DE GARCÍA RODRÍ- GUEZ DE MONTALVO REGIDOR DE/STA VILLA. ACABÓSE AÑO DE 1547». De este texto se desprende la fecha de terminación del retablo y el nombre de la comitente, así como el de su marido y el cargo municipal que ostentaba. No obstante, queda por dilucidar el nombre de la localidad donde vivía este matrimonio y donde se realizó el retablo, probablemente Medina del Campo. Tanto por su ornamentación imaginativa, fluida y minúscula, como por su estructuración, se podría relacionar con el retablo mayor de su Colegiata, dedicado a San Antolín, encargado por Catalina de Sedeño por testamento de 1540 y contratado por el escultor Juan Rodríguez —del foco abulense— con la participación de Cornelis de Holanda. Sgún Martín González, también pudo participar Leonardo de Carrión. En el Catálogo de las pinturas del Museo del Prado esta talla se vincula al «estilo de Siloé» .
La tabla (h. 1520) es anterior al marco que la acoge. Se desconoce si formó parte de un conjunto de mayor envergadura, hipótesis poco probable teniendo en cuenta el amplio formato de la misma, realizada como si se tratara de un «pala de altar» al modo italiano (Ávila, 1897). Existen similitudes con otros ejemplos de la época, como por ejemplo el Llanto sobre Cristo muerto, de Jácome de Blancas (atr.) para el armario relicario de la familia Morejón en el presbiterio de la Colegiata de San Antolín, en Medina del Campo. La tabla va enmarcada por una sencilla estructura abalaustrada, con molduraje y grutescos y lleva en la parte superior derecha la fecha de terminación: “1542”.
Este tipo de marco, denominado “de tabernáculo” o “arquitectónico”, es característico del Renacimiento, como demuestra su estructura clásica de basa, columnas, entablamento y cornisa.