Marco de La esclava
Hacia 1886. Dorado, Ensamblado, Moldeado, 321 x 193 cmNo expuesto
Este marco original, al igual que la pintura a la que enmarca, responde a la moda del orientalismo. En este contexto, la Alhambra fue clave en la exaltación del gusto por lo exótico debido a que se percibía como una especie de Oriente cercano, gracias al pasado islámico de la propia ciudad de Granada. Esa reminiscencia encontramos en la decoración del marco, compuesta de una serie de motivos geométricos y epigráficos que hacen referencia, no sólo a la Alhambra, sino también a distintos conjuntos arquitectónicos islámicos como puede ser el Alcázar de Sevilla o la Madraza de Granada, entre otros. Además, según algunas fuentes, Antonio Fabrés pasó una pequeña estancia en Granada en algún momento entre 1886-1888, fecha aproximada en la que se realiza la pintura. Podríamos pensar que, durante esa estancia en la ciudad nazarí, estudió su decoración, motivo que pudo influir en el diseño del marco. Incluso cuando se instala en México unos años después, podemos ver en su estudio cierta influencia de la decoración de los palacios nazaríes.
Presenta un filo liso y un contrafilo con inscripción epigráfica que lo recorre de manera secuencial y repetitiva. Responde al lema de la dinastía nazarí, wa-la galib illà Allah, cuyo origen tiene varias leyendas, aunque la más extendida es la siguiente: El Rey Alhamar (Mohamed-Ben-Nazar), en 1238 tras conquistar Granada, entró triunfador en la ciudad siendo recibido a gritos que decían “Bienvenido el vencedor por la gracia de Dios”, a lo que él respondió “Solo Alá es vencedor”. Con esta frase quería demostrar que esta victoria no le pertenecía a él, sino a Dios ya que todo lo que sucede siempre viene por designio divino. La amplia entrecalle, concentra el resto de la decoración, con un motivo geométrico muy representativo del arte Nazarí, la estrella de doce puntas.
El marco funciona como un complemento iconográfico de la pintura, ampliando la información de la obra.