Marco de Mona Lisa
Hacia 1923. Ensamblado, Tallado, Estofado esgrafiado, Dorado al agua bruñido, 114,5 x 99 cmSala 052B
Marco de tipo tabernáculo o arquitectónico, compuesto por un entablamento con arquitrabe de perlas y bizcochos, friso estofado vegetal de roleos y palmetas, roto en el centro por una cartela ovalada con el número de catálogo "504", en letras doradas sobre fondo rojo. Cierra el entablamento una cornisa de ovas en transición al alero moldurado liso. Bajo él, dos pilastras acanaladas, doradas y estofadas en negro con fondo rojo estrellado. De base simple y ecléctico capitel con hojas de acanto, volutas, ovas y flores esquemáticas. Sustentando a modo de cabio, un basamento sencillo con decoración de sarta de perlas y estofado esgrafiado similar al del friso. En el centro una cartela con la palabra "LA GIOCONDA", en letras doradas sobre fondo rojo.
A comienzos del siglo XX los programas de remodelación del Museo se hacen más presentes. Varios directores, empezando por Álvarez Catalá, promueven la mejora de las enmarcaciones del Museo. El pintor Álvarez de Sotomayor (director entre 1922-31 y 1939-60), que había colaborado intensamente con Beruete como subdirector en la remodelación de las salas, da continuidad al proyecto tras ser nombrado director a la muerte de éste. El interés de Sotomayor y del Patronato por mejorar los marcos del Museo se materializa en 1923 con el aumento de los fondos destinados al enmarcado (que pasa de 2.500 a 4.000 pesetas) y en una mayor vinculación del Museo con el Taller Cano, ahora llamado Hijos de Cano, ya que el padre, José, había fallecido el año anterior. Los primeros marcos documentados realizados por los Cano dentro del programa de reenmarcado datan de ese mismo año y su implicación en el proyecto se extenderá a lo largo de varias décadas. La realización de nuevos marcos de gran calidad fue posible gracias a una labor de mecenazgo que resultó esencial para la institución (Ladrero, 2013).
En este caso fue donado por el Excmo. Sr. don Luis de Laredo, y fabricado hacia 1923 por la casa de enmarcación CANO. Probablemente sea uno de los últimos trabajos de su fundador, José Cano. Está inspirado en modelos de marcos renacentistas italianos del siglo XVI, principalmente venecianos y toscanos. No obstante, la interpretación es bastante libre, no tratándose de una reproducción de época fidedigna. El taller de marcos CANO fue fundado por José Cano en Madrid hacia 1906, y surtió desde su fundación de diferentes marcos y molduras al Museo del Prado y a otras instituciones y colecciones. Sus marcos se caracterizan por llevar muchos de ellos una chapa o etiqueta identificativa.