San Antonio de Padua y el milagro de la mula
Hacia 1500. Óleo sobre tabla de roble del báltico, 121 x 80 cmNo expuesto
La obra representa un pasaje milagroso de la vida de san Antonio sucedido en 1227 en Rímini y relatado en casi todas las biografías antiguas del santo. Este predicaba la presencia real de Cristo en la eucaristía cuando un hereje albigense llamado Bonovillo le desafío: creería en tal dogma si una mula a la que él habría tenido tres días en ayuno se postraba ante una hostia. El día del desafío, en la plaza pública, el santo puso la sagrada forma sobre la comida del animal, que se postró ante ella, y el hereje, a la vista del prodigio, se convirtió. En la pintura se aprecia incluso la escena en relieve del Calvario en la eucaristía sobre el cesto de grano. Este milagro es en cierto modo la adaptación de la leyenda bíblica de la burra de Balaán (Números 22, 21-35) y del ejemplo de Isaías sobre el asno que reconoce el pesebre de su amo (Isaías 1, 3).
Hasta 2024 el cuadro estuvo oficialmente catalogado como anónimo flamenco de hacia 1500 vinculado a Brujas. Sin embargo, son varias las afinidades de la obra con las otras dos pinturas atribuidas al Maestro de las Escenas de la Pasión de Brujas más allá de la exagerada austeridad y la presencia de unos tipos faciales vacuos, de mejillas anchas, orejas grandes y distanciadas y ojos muy juntos, con que Friedländer caracterizó las figuras y obras del pintor. Al comparar el dibujo subyacente de sus obras igualmente se encuentran argumentos para una autoría común. A pesar de estas afinidades, el cuadro de Madrid, quizá por su singular iconografía, carece de los personajes histriónicos de rostros grotescos que se aprecian en las otras dos obras atribuidas al maestro. Por otro lado, la obra del Prado en su conjunto está íntimamente ligada a las representaciones seguidas por miniaturistas de principios del siglo XV para el mismo milagro.
Teniendo en cuenta las conexiones iconográficas y formales citadas, este San Antonio de Padua debe ser tenido de manera definitiva como obra del Maestro de las Escenas de la Pasión de Brujas, si bien se aparta algo de sus otras dos pinturas conocidas en Brujas y Londres, en las que la pervivencia de Durero o Schongauer es más fuerte, para acercarse a modelos más coetáneos. Esto parece significar una evolución en el estilo del maestro, tendente en la obra del Prado a suavizar las figuras en una manera más próxima a Memling y David, coincidiendo además con el momento de eclosión de Juan de Flandes, cuya vinculación con este maestro no ha sido suficientemente explorada. Todo ello permite fechar la obra hacia 1490.
Pérez Preciado, José Juan, Pintura flamenca del siglo XV en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2024, p.165-172 nº.18