Bibliografía +
La época de la Restauración, Ministerio de Educación y Ciencia. Dirección General del Patrimonio Artístico y Cultural, 1975, pp. nº755.
Museo Nacional del Prado, Catálogo de las pinturas del siglo XIX, Ministerio de Cultura, Madrid, 1985, pp. 175.
Departamento de Cultura, Generalitat de Catalunya, Els Masriera: Francesc Masriera, 1842-1902, Josep Masriera, 1841-1912, Luis Masriera, 1958, Editorial Proa, Barcelona, 1996, pp. nº34.
Dizy Caso, Eduardo, Los orientalistas de la escuela española, ACR Éditions, Paris, 1997, pp. 172-175.
Díez, José Luis (dir.), Pintura del Siglo XIX en el Museo del Prado: catálogo general, Museo Nacional del Prado, Madrid, 2015, pp. 398.
Otros inventarios +
Inv. Museo Arte Moderno, 1954.
Núm. 405.
Actas traslado de obras MEAC - Prado, 1971-1973.
Núm. 456.
Exposiciones +
El siglo del retrato. Colecciones del Museo del Prado. De la Ilustración a la modernidad
Valencia
10.07.2024 - 20.10.2024
El siglo del retrato. Colecciones del Museo del Prado. De la Ilustración a la Modernidad
Barcelona
15.02.2023 - 04.06.2023
José, Francisco y Luis Masriera
Barcelona
21.05.1996 - 31.07.1996
Objetos presentados +
Laúd:
Joven con laúd de mástil largo y caja de resonancia pequeña. No lleva trastes aunque sí un diapasón decorado. Caja de resonancia semiesférica y redondeada con tapa armónica de madera muy decorada y cóncava. En el otro extremo del mástil se ven dos clavijas frontales y una lateral, la otra que falta posiblemente esté oculta por su mano derecha. Parece un laúd paquistaní o tambura (Tánpûrâ) difundido por todo el norte de India. Se remonta su origen al II milenio a. de C. en Oriente, teniendo después una extensa difusión por todo el mundo bajo formas variadas. En las diversas agrupaciones vocales e instrumentales desempeña la función de acompañamiento de bordón, produciendo un acorde de fondo y de base rítmica. Sus cuatro, a veces cinco o seis, cuerdas metálicas se tocan siempre sin interrupción y producen los sonidos: re 2, sol 2, sol 2, sol 1. Éstas pueden acortarse, modificándose sus alturas mediante un “capotasto” que se desliza a lo largo del diapasón (Proyecto Iconografía Musical, U.C.M.).
A causa de su tamaño, el tambura se sostiene casi vertical, con la caja sujeta entre las piernas del músico sentado en el suelo y golpeando, o punteando, las cuerdas ligera y rítmicamente con el dedo.