Patio de la cuadra de caballos de la plaza de toros, antes de una corrida
1853. Óleo sobre lienzo, 168 x 245 cmNo expuesto
Este cuadro es una de las obras más singulares de la colección de pintura del siglo XIX del Museo del Prado. En ella hay muy pocos retratos colectivos de personajes contemporáneos, un tipo de género que apenas tuvo éxito en España y que consistía en reunir en una misma obra la efigie de los miembros pertenecientes a un determinado colectivo social, a una corporación o a otro tipo de asociación o sociedad, normalmente profesional. Este retrato es, además, el único de este tipo protagonizado por toreros. En él aparecen no sólo toreros, sino también algunos de sus representantes o apoderados, y numerosos aficionados. Entre los primeros, debemos distinguir los diferentes tipos de actuantes que participan en una corrida de toros: los que están montados a caballo son "picadores" y van tocados con un sombrero de ala ancha; llevan una chaquetilla, cuyos bordados pueden ir en dorado. Esta distinción es exclusiva de los picadores y de los toreros, pues ambos son los principales actuantes en el festejo. Los toreros visten igual que sus ayudantes, llamados también banderilleros o subalternos. Sin embargo, estos no pueden llevar bordados dorados, por lo que los llevan de color plata o azabache. Todos ellos van tocados con una montera y, como es propio cuando salen a la plaza, tienen que llevar el capote de paseo, una pieza muy vistosa, exclusivamente ornamental, que se dispone sobre el hombro derecho, sujeta en la parte izquierda y que sólo se emplea inmediatamente antes del espectáculo. La posición en la que unos y otros llevan el capote de paseo nos indica que Castellano ha representado el momento previo al inicio de la corrida: el de la izquierda lo lleva ya bien dispuesto y otros lo sujetan entre sus manos antes de colocárselo.
Todos los actuantes se encuentran en el patio de caballos -que era donde los toreros se congregaban antes de comenzar el festejo-, posiblemente el que pertenecía a la antigua plaza de toros de Madrid, próxima a la Puerta de Alcalá y desaparecida en 1874.
Posiblemente se trate de una reunión inventada, pues el pintor trata de reunir a los toreros más famosos del momento en una especie de retrato idealizado de la tauromaquia contemporánea. A pesar de eso, Castellano trata de dotar a la escena de cierta espontaneidad. Para ello, muestra en el fondo al público, que desde fuera intenta ver lo que sucede en el interior y es frenado por el militar con el arma en la mano. El pintor ha sabido representar la expectación popular que despierta estos festejos. La fiesta de los toros, que en España comenzó a extenderse en el siglo XV, fue considerada el primer espectáculo de masas y uno de los más populares, pues a él acudían las diferentes clases sociales.
El pintor fue un gran aficionado a los toros y representó escenas taurinas a menudo. La obra debió suponerle un gran esfuerzo, ya que tuvo que retratar -a veces del natural y a veces a través de alguna imagen previa- a más de veintiún personajes reales, que son perfectamente reconocibles. Gracias a la identificación de Sánchez de Neira (un aficionado a los toros) -publicada en 1896- sabemos que se encuentran presentes algunos toreros que ya habían fallecido entonces, como el gran Francisco Montes Reina, "Paquiro", considerado uno de los toreros más famosos del siglo XIX, y Francisco Arjona Herrera, "Francisco Arjona Guillén" o "Cúchares". Para este tipo de imágenes debió servirse de retratos previos. La mayoría de los toreros muestra una actitud seria y algunos gallarda. Sus rostros contrastan con los de los niños, que han conseguido escapar al control de los guardias y juegan en el fondo del patio en una imagen de especial encanto, sobre todo en la representación de aquel que dibuja la figura de un toro en la pared (Martínez Plaza, Pedro J., en Ages of Splendor. A History of Spain in the Museo del Prado, cat. exp. Pudong, Shanghái, 2024).