Peana actual de Séneca, originalmente del busto del IX almirante de Castilla
1641 - 1644. Alabastro, 23 x 33,4 cmSala 083
Peana que perteneció al busto que representa a Juan Alfonso Enríquez de Cabrera (1594-1647), IX Almirante de Castilla, E254. En 2019, Cruz Yábar hizo referencia a esta peana que, como indicó Montanari, hace alusión al IX Almirante de Castilla, y fue realizado en Palermo entre 1641 y 1643. Cruz Yábar igualmente señaló que este pedestal no aparece en los inventarios de los Almirantes, como tampoco la cabeza de Séneca, y propuso que no se correspondería con la escultura de Séneca a la que sirve hoy de base, sino que sería la peana del retrato en bronce que también conserva el Museo Nacional del Prado (E254), que identifica como el IX Almirante de Castilla. Señaló también la dificultad que plantea el hecho de que la inscripción está en el reverso de la peana donde apoya el Séneca y que, si las escenas aludían a una victoria naval, “cabe esperar un retrato del homenajeado armado con coraza y no un busto de un filósofo”, y de que el pedestal sea de alabastro cuando la cabeza es de mármol. Propuso por último que la pieza, que llegó a la colección de Felipe V, debía formar parte de los bienes madrileños confiscados del nieto del Almirante, Juan Tomás Enríquez de Cabrera, XI y último Almirante (1646-1705), que había tomado partido en 1702 por el archiduque Carlos. Efectivamente, la información es coherente con lo recogido en los inventarios del retrato E254 “sobre basa de jaspe” en 1747, y “con su peana de mármol blanco” en 1789 y en 1857. Un retrato del Almirante, al que alude la inscripción de la peana, se había dado por perdido (Helmstutler di Dio y Coppel 2013) y es el que Cruz Yábar identifica en 2019.
Previamente, Motananri en 2015, había señalado que ya en la primera mención del Séneca en las Colecciones Reales en el siglo XVIII se hace referencia al pedestal sobre el que está colocada la pieza (E144/2). Dicho autor indicaba que en la inscripción del pedestal se celebra la figura de Juan Alfonso Enríquez de Cabrera, duque de Medina de Rioseco y conde de Módica, que aparece identificado como virrey de Sicilia, cargo que ocupará a partir de 1641, mientras que se conmemora también su victoria sobre los franceses en 1638 -triunfo que le valdrá precisamente el virreinato-, por lo que debe de tratarse de un monumento realizado con posterioridad a 1641, fecha que, como se ha señalado, es perfectamente coherente cronológicamente con la lectura estilística de la cabeza finelliana que lo acompaña. Hay que tener en consideración el origen cordobés de la familia Enríquez de Cabrera, ascendencia que la poderosa familia española compartía con uno de los símbolos más importantes del mundo romano: Lucio Anneo Séneca. Esta coincidencia en el origen de ambos podría significar la voluntad de celebrar la figura del virrey mediante la utilización de la ilustre efigie de su más eminente y clásico conciudadano, que en esos años recobró gran notoriedad tanto por la difusión de la filosofía lipsiana como por el dibujo de Rubens, medio igualmente poderoso y efectivo.