San Jerónimo penitente
1844. Bronce, 105 x 148 cmSala 061
La concepción de esta obra, en la que San Jerónimo escucha las trompetas del Juicio Final, aporta una manera diferente de modelar la figura, enlazando con la iconografía propia de la pintura, pero dándole una gran expresividad, que consiguió con la unión de sinergias a través del estudio anatómico, la tensión y la captación de un momento emocionalmente intenso, de gusto romántico.
Su estancia en Paris marcó el modelado de esta obra, que enlaza en estética, movimiento e interés por la anatomía, con el San Jerónimo del escultor Luc Breton (1731-1800), realizado en el tercer cuarto del siglo XVIII, que presentó a la Academia Real de pintura y escultura de Paris, y hoy se conserva en el Museo de Bellas Artes y Arqueología de Besançon.
Allí realizó el yeso en 1842, consiguiendo un amplio reconocimiento por este grupo en bronce que enlazaba con la tradición española, incluso con algún elemento barroco, buscando la fuerza expresiva. Considerada su obra más notoria y una referencia para lo que se considera como escultura romántica, al aportar una plástica muy personal, un acercamiento más retórico, y cierta emotividad y libertad en el tratamiento técnico de un tema religioso.
La elección del tema fue difícil por la crudeza del mismo, ya que presenta a un anciano semidesnudo que ha superado los rigores del ascetismo, por lo que el artista intentó irradiar, sobre todo el sentimiento del alma, acompañado técnicamente por el estudio de paños. Se planteó como un juego de contrastes entre la tensión del momento que se representa frente a la tranquilidad del león. Se caracteriza por una expresión realista del estudio del natural, que busca la mayor expresividad y viveza, a la vez que una elegancia destacada y sobria en el modelado, que significó una evolución artística en su tiempo.
En 1844, y con gran éxito, participó con el yeso en la Exposición del Liceo Artístico y Literario. Isabel II mandó fundir en bronce la escultura en 1845. Estuvo primero en la Real Biblioteca, pasando al Real Museo en 1847.
José Piquer Duart (Valencia, 1806-Madrid, 1871) estudió en la Academia de Bellas Artes de San Carlos, y viajó a París, México y Estados Unidos. En París conoció a los escultores franceses D´Angers y Rude, de los que aprendió a transmitir la fuerza expresiva que se ve en este grupo de bronce. Cultivó los retratos reales y el tema histórico. Académico de San Fernando, fue nombrado en 1847 teniente director de Escultura, y en 1858 primer escultor de cámara hasta 1866 (Texto extractado de Azcue L. en: El siglo XIX en el Prado, Museo Nacional del Prado, 2007, pp. 401-403; Azcue, L.: "La escultura española durante el romanticismo: continuidad y cambios", El arte de la era romántica, 2012, pp. 350-351).