Santa Ana y la Inmaculada Concepción
Hacia 1600. Aguada, Tinta parda, Pluma, Lápiz sobre papel agarbanzado, 385 x 240 mmNo expuesto
Santa Ana, madre de la Virgen, es la anciana que aparece arrodillada en el interior de un templo, y la aparición celestial que tiene lugar por encima de su cabeza le revela que va a concebir a María, encarnada en una niña con vestido vaporoso sobre una media luna, símbolo de la Inmaculada Concepción, que a su vez será la madre de Jesús. A ambos lados de María, unos ángeles portan los símbolos de su santidad y de su pureza. Al fondo, entre las columnas, están representadas escenas de la historia de la concepción de María. A la izquierda aparece la anunciación a San Joaquín, casado con Santa Ana desde hacía veinte años y sin haber tenido descendencia: el Arcángel Gabriel se le aparece en el desierto, en una cabaña de pastores a la que el anciano se había retirado y le anuncia que su esposa iba a concebir un hijo. A la derecha está representado el encuentro de San Joaquín y Santa Ana en la Puerta Dorada, en las afueras de Jerusalén, tras el anuncio del Arcángel al santo y la orden de que se reuniera con ella en la puerta de la ciudad.
Se trata de un modelo acabado, con la mitad superior cuadriculada para su reporte, para la composición de un retablo pintado, conocido a través de dos versiones. La primera de las dos, que se puede fechar después de 1591, estuvo en origen sobre el altar de la capilla de Desideri, en la iglesia de S. Francesco, Bolonia, y se encuentra emplazada actualmente en la Pinacoteca Nazionale de esa ciudad. En la Iglesia de S. Maria della Pietà, o dei Mendicanti, también en Bolonia, hay una versión posterior de la composición, citada por Fernández Durán en su comentario en el paspartú. Ambos cuadros se ajustan a la composición general del dibujo, aunque hay diferencias en los detalles así como varios cambios sutiles en la relación entre los principales elementos del dibujo. El más importante de estos últimos se refiere a la sección central del registro superior, con las figuras de Dios Padre, el Espíritu Santo y la joven Virgen María.
El dibujo es típico de los estudios acabados a pluma y aguada, que Cesi realizó como modelos para sus principales composiciones pintadas. En este ejemplo, la pincelada precisa y la cuidadosa indicación de las principales luces y sombras dentro del dibujo revelan la extraordinaria diligencia de su método de trabajo. El hábito de realizar estudios terminados a pluma y aguada para los cuadros continuó en Bolonia hasta después de mediados del siglo XVII, y fue adoptado por pintores como Francesco Albani (1578-1660) y Guido Reni (1575-1642), entre otros muchos (Texto extractado de Turner, N.: Dibujos italianos del siglo XVI, Museo Nacional del Prado, 2004, p. 158).