Trabajo, descanso, familia
1903. Óleo sobre lienzo, 167 x 387 cmDepósito en otra institución
Esta obra supuso una renovación del tratamiento del trabajo en el campo, tema que habían abordado otros autores bajo una óptica naturalista. El formato de tríptico era frecuente justamente entre los artistas que querían superar aquel estilo y ofrecer una visión más amplia, a veces impregnada de un cierto simbolismo. Permite mostrar tres escenas, a las que la continuidad de la línea de horizonte da unidad. La yuxtaposición de sustantivos en el título, cada uno representado por un panel, refleja un sentido esencial de la vida agrícola más allá del carácter instantáneo y circunstancial propio del naturalismo anterior. De modo acorde, no es la acción propia del Trabajo la que protagoniza la composición, sino el sereno equilibrio del Descanso. El pintor resaltó esa intemporalidad con la elección de un marco arquitectónico clásico, con basa, pilastras y friso de palmetas jónicos y una cornisa que recoge el conjunto. Aunque este se ha perdido, el pintor había preparado un boceto enmarcado, también como tríptico, a la manera del cuadro definitivo.
La ejecución abocetada de figuras y fondo y la planitud del paisaje indican el deseo de novedad de Martínez Cubells en este periodo de su carrera, marcado por viajes a Bélgica y Holanda y por su estancia en Múnich, ciudad en la que firmó los cuadros más importantes de su trayectoria. El dominio en la representación de los caballos lo había probado en Invierno en Múnich (también en el Museo del Prado), obra muy alabada que le valió una segunda medalla en la Exposición Nacional de 1901. Al igual que en este último lienzo, su deseo de exactitud llega a mostrar en el tríptico estudiado hasta el vaho de la respiración de los animales en el frío ambiente rural.
Presentó esta obra a la Exposición de 1904, en la que obtuvo una medalla de primera clase. El escritor Ramiro de Maeztu, haciéndose eco de los comentarios de algunos pintores ante la imagen de una obra reproducida en una revista británica bajo el título Off Duty, denunció que plagiaba una obra de un supuesto pintor llamado Snadstrom. Mucho tiempo después, todavía José López Jiménez, con el pseudónimo de Bernardino Pantorba, aludía al plagio de este presunto artista que, en realidad, se trataba de la pintora sueca Harriet Sundström (1872-1961). Su obra era también un tríptico, pero con los animales en una posición inversa y sin figura en el centro, además de otras notables diferencias. El caso produjo una oleada de críticas que arreciaron cuando se premió a la pintura. El propio artista hubo de defenderse en una carta en la que señalaba que numerosas personas podían atestiguar que su idea del cuadro era anterior. Hay claras diferencias entre ambas obras, pero Sundström también había trabajado en Múnich y lo hizo con un artista, Heinrich von Zügel (1850-1941), especialista en la pintura de animales, con quien había estudiado asimismo Cubells.
Algunos de los rasgos que se le criticaron, como la excesiva delgadez de la capa pictórica, la factura demasiado suelta y la ausencia de perspectiva aérea, son, precisamente, los que suponen una mayor modernidad con respecto a la pintura anterior. Otros críticos le reprocharon indecisión en su factura y calificaron el cuadro como “boceto grande”. La mayor defensa de su ejecución sobria y su “laconismo” -sobre todo si se comparaba con el arrebatado pictoricismo del tríptico de Eduardo Chicharro, la obra más votada para primera medalla- vino de críticos consolidados, como Francisco Alcántara y Antonio Cánovas y Vallejo.
La figura principal del óleo preparatorio recuerda, en posición invertida, a la del Marteleur de Constantin Meunier, y lleva también un delantal rígido. Quizá consciente de esto, modificó la postura de este personaje en la pintura final.
Barón, Javier, 'Enrique Martínez Cubells. Trabajo, descanso y familia'. Arte y transformaciones sociales en España (1885-1910), Madrid, Museo Nacional del Prado, 2024, p.95-96 nº.5