Vista del Real Sitio de Aranjuez
Hacia 1636. Óleo sobre lienzo, 103 x 216 cmNo expuesto
El primer palacio que existió en Aranjuez, población cercana a Madrid, situada en un fértil paraje entre los ríos Tajo y Jarama, fue mandado construir en 1387 por don Lorenzo Suárez de Figueroa, Gran Maestre de la Orden Militar de Santiago. Cuando los Reyes Católicos asumieron los maestrazgos de todas las órdenes militares dicho palacio pasó a ser propiedad de la corona española. Después de ser efectuadas algunas reformas de poca envergadura encargadas por Fernando el Católico y Carlos V, Felipe II, en 1560, decidió construir un nuevo palacio y encargó los planos al arquitecto Juan Bautista de Toledo; a su muerte, ocurrida ocho años después, el Rey designó a Juan de Herrera, realizador del Monasterio de San Lorenzo del Escorial, para ejecutar las obras, las cuales comenzaron en 1574. En el momento del fallecimiento del monarca ya estaban edificadas la capilla y tres cuartas partes de las fachadas sur y oeste. Durante los reinados de sus sucesores sólo se hacen algunas modificaciones, y no es hasta 1715, durante el reinado de Felipe V, cuando se da un gran empujón a la construcción que sigue las directrices marcadas en los planos de Herrera. En época de Fernando VI , Santiago Bonavia se responsabiliza de la obra innovando el proyecto anterior, y finalmente Carlos III encarga a Francisco Sabatini las obras de ampliación, que dejaron el palacio de Aranjuez como lo podemos contemplar hoy. Delante del edificio del palacio, en la isla formada por el río Tajo y el canal de los antiguos molinos, Felipe II quiso dar forma nueva a los jardines construyendo calles con árboles de diferentes especies, macizos de setos y túneles de follaje; para su realización hizo venir desde Flandes al jardinero Juan Olveque. Se colocaron además estatuas y algunas fuentes que posteriormente Felipe III mandó reparar, añadiendo otras nuevas que aún hoy subsisten. Felipe IV, en 1660, encargó al arquitecto y pintor Sebastián de Herrera Barnuevo dar nueva forma al jardín y distribuir las fuentes de la manera que hoy pueden verse. Felipe II ordenó también plantar un jardín interior cercado por una galería exterior, que, en tiempos de Felipe IV fue modificada y embellecida, construyéndose hornacinas en las que se alojaron cabezas y bustos de los emperadores romanos que en el siglo XIX vinieron a parar al Prado.
Esta pintura, de gran interés documental, nos permite contemplar cómo eran el Palacio y los Jardines de Aranjuez en torno a 1636-1639, momento en el que allí está trabajando el arquitecto madrileño Juan Gómez de Mora. Además de la crujía sur, la torre meridional y parte de lo que será un siglo después la fachada principal, se ven las Casas de Oficios, que se estaban terminando en esos momentos, con el pasadizo que las unía al edificio principal. Detrás de la nueva construcción, todavía se conserva parte de la antigua edificación maestral, que habrá de convertirse posteriormente en la zona norte del nuevo palacio. El autor ha dado mucha importancia al paisaje al dibujarlo como si fuese una vista aérea. Hay también un análisis minucioso de los elementos que conformaban los jardines de la Isla, en los que se aprecian las frondas, parterres, setos y cenadores, si bien no se observan las fuentes y estatuas que los ornaban. Sin duda prima el deseo de reflejar fielmente una de las posesiones más por los monarcas españoles.
Entre las cantidades libradas por la intendencia palaciega relativas a los fastos celebrados en la Corte durante la visita del duque de Módena y de la duquesa de Chevreux, se encuentran los pagos de una serie de dieciocho lienzos que representaban las llamadas "casas de campo" de pro piedad real, que habían de decorar el Palacete de la Torre de la Parada, situado en el monte del Pardo. Los pintores fueron Félix Castelo, que hizo seis; Jusepe Leonado, tres; Juan de la Corte, siete; y un desconocido Pedro Muñoz, que pintó dos, aunque en el documento no se dice cuál efectuó cada uno. En el inventario del Alcázar de 1636 se citan unas vistas de Valsaín, San Lorenzo, El Pardo y Aranjuez de Félix Castelo en la Galería del mediodía, y otro lienzo grande, sin autor, en la "escalera que bajaba a las bóvedas desde el cuarto bajo de verano", que representa "la casa, sitio, y huertas de Aranjuez". En 1700 y situadas en la escaleras la Torre de la Parada hay diecisiete pinturas de diferente tamaño, una de ellas una vista del Palacio de Aranjuez; en este mismo año y en 1772 se anota, en los inventarios del Palacio del Buen Retiro, una vista de Aranjuez atribuida esta vez a Juan de la Corte. Parece, pues, evidente que debió haber dos lienzos que representan el mismo lugar, uno de los cuales sería el que aquí se exhibe, aunque de momento no tenemos medio de saber si es de mano de Félix Castelo o de Juan de la Corte.
Esplendores de Espanha de el Greco a Velazquez, Río De Janeiro, Arte Viva, 2000, p.68-69