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El Grafoscopio. Un siglo de miradas al Museo del Prado (1819-1920)

22.06.2004 - 26.09.2004

La fotografía constituye desde mediados del siglo XIX un ineludible punto de referencia para el conocimiento del pasado, al que no escapa la historia del Museo del Prado. El modo en que ésta ha quedado plasmada a través de la cámara es el objetivo de esta muestra, en la que por primera vez se presentan las colecciones fotográficas del Museo, en las que se pueden apreciar los cambios de los criterios de exposición, desde su apertura en 1819 hasta la primera ampliación arquitectónica iniciada en 1913 y concluida en 1920. Las fotografías también revelan el modo en que se difundió nacional e internacionalmente la fama del Museo hasta hacer de él una de las más importantes y conocidas pinacotecas del mundo.

A este conocimiento del Museo contribuyó notablemente J. Laurent y Cía., la mayor empresa de fotografía de cuantas existían en España, cuyo archivo, con vistas y monumentos del país, era equiparable en su género a los más importantes de Europa. La actividad de Jean Laurent está documentada en España desde 1856, y en 1863 aparece con el nombre de J. Laurent y Cia. Desde esta fecha comenzó a fotografiar las pinturas del Prado, haciéndolo en exclusiva entre 1879 y 1890, lo que convirtió sus catálogos, editados en Madrid y París, en un obligado instrumento para el estudio y difusión internacional del patrimonio artístico español.

El núcleo de la muestra gira en torno a la obra que da nombre a la exposición: El Grafoscopio, una máquina a rotación manual en la que se insertaba una vista panorámica continua de la Galería Central del Museo del Prado, realizada por J. Laurent y Cía. entre 1882 y 1883. Se trata de la única máquina de estas características que se conoce en la actualidad y constituye un objeto de excepcional importancia por su valor documental y artístico. La fotografía que se incluye en el mecanismo, de unos 30 cm. de alto y 1.041,5 cm. de longitud, se compone de 72 tomas numeradas, positivadas en papel albúmina, pegadas sobre un soporte de tela de algodón.

El panorama muestra la Galería Central del Museo, en la que colgaban los lienzos más importantes de las escuelas española e italiana, excepción hecha de los que se exponían en la Sala de la Reina Isabel, donde se concentraban algunas de las más destacadas obras del Museo. Las pinturas ocupaban prácticamente la totalidad de los muros, desde el zócalo hasta la cornisa superior, e incluso sobre ésta. La disposición de las obras, si bien se articulaba alrededor de estas dos grandes escuelas nacionales, no entraba en subdivisiones regionales ni obedecía a estrictos criterios cronológicos, por lo que era muy frecuente encontrar una mezcla de cuadros tendente a llenar por completo las paredes, rellenando los huecos entre las pinturas principales con lienzos secundarios de menor formato, la mayor parte de las veces agrupadas solo según criterios de simetría. A la Galería Central se accedía por una sala, denominada de los Contemporáneos, en la que colgaban los más importantes cuadros de Goya junto a obras de pintores españoles del siglo XVIII y del siglo XIX. El primer tramo de Galería estaba dedicado a los pintores españoles de los siglos XVI y XVII, con una presencia destacada de Ribera, Murillo y Velázquez, ocupando este último los espacios principales más próximos a la Sala de la Reina Isabel. El segundo tramo albergaba los lienzos de la escuela italiana. Su espacio principal lo ocupaban cuadros de Rafael, y tras éstos, un gran conjunto de lienzos de Tiziano y de otros maestros de la escuela veneciana, y a continuación un heterogéneo conjunto de artistas italianos, sobre todo de la escuela boloñesa.

El conjunto del Grafoscopio, máquina y fotografía, han sido restaurados con motivo de esta exposición.

Comisario:
José Manuel Matilla and Javier Portús

Vídeos

Exposición

Visiones de un edificio

Visiones de un edificio
Vista de la fachada principal del Museo del Prado
C. Clifford

Antes del Museo

Proyectada como sede de un Museo y Academia de Ciencias Naturales por iniciativa de Carlos III, en la obra de Villanueva se integraban tres edificios en uno, cada uno de los cuales era autónomo en lo que se refiere a su función. Se organizaban mediante ejes longitudinales y tenían entradas independientes. Esas tres partes eran, respectivamente, el piso inferior, al que se accedía desde el extremo sur del conjunto; el superior, cuya entrada se hacía desde el norte, a través de una extensa rampa; y la gran sala basilical que cortaba perpendicularmente por el centro los espacios anteriores y tenía su entrada por el monumental pórtico dórico que mira al Paseo del Prado. A la muerte de Villanueva, la parte más importante del edificio que quedó sin concluir fue la gran sala basilical, que no estuvo preparada para exhibir obras de arte hasta 1853, en que acogió la llamada "Sala de la Reina Isabel".

Primeras imágenes: de la pintura a la litografía

Primeras imágenes: de la pintura a la litografía
Fachada norte del Museo del Prado
J. Laurent y Cia.
Museo Nacional del Prado

Tras la conversión del edificio de Villanueva en Museo Real, el lugar se convirtió en uno de los puntos de referencia de la ciudad, y eso se vio reflejado en la aparición de un destacado número de pinturas, estampas y dibujos que lo representan. Aunque no falta alguna vista del interior, en general nos presentan el aspecto del edificio desde el exterior, y en ellas apreciamos su carácter de hito monumental que se inserta de forma independiente y aislada dentro de la estructura urbana madrileña.

Aproximaciones fotográficas

Aproximaciones fotográficas
Vista de la Galería central del Museo del Prado
J. Laurent y Cia.
Museo Nacional del Prado

La fotografía se convirtió en el sustituto natural de la litografía como medio para difundir imágenes de edificios monumentales. Será por tanto muy frecuente que los fotógrafos de la segunda mitad del siglo XIX, como Clifford y Laurent, adopten puntos de vista del Museo del Prado similares a los que en la primera mitad del siglo ofrecieron los pintores y litógrafos. La evolución de las diferentes técnicas fotográficas queda patente en este conjunto de aproximaciones al edificio de Villanueva, desde los daguerrotipos a las albúminas pasando por los delicados papeles a la sal.

La reproducción fotográfica de las colecciones del Museo del Prado

La reproducción fotográfica de las colecciones del Museo del Prado
Pieza del Tesoro del delfín
J. Clifford
Museo Nacional del Prado

El Tesoro del Delfín

El extraordinario valor del Tesoro del Delfín mereció que desde muy temprano le fuese consagrada una sala para su exhibición. En 1839, en la época de crecimiento del Museo, se instaló en unas hornacinas en los ángulos de la sala ochavada que existe en un extremo del salón occidental del piso bajo, donde hoy se encuentran las salas de escultura clásica. Su valor, puesto de manifiesto por estudiosos británicos que encargaron sus primeras reproducciones fotográficas en 1863, hizo que fuese trasladado en 1867 a la Galería Central, donde permaneció en vitrinas hasta bien entrado el siglo XX. Su importancia artística hizo que fuese fotografiado desde muy temprano, y desde finales de la década de 1870, paso a formar parte de los catálogos fotográficos de Laurent y Cia.

La escultura

Si bien la importancia de las colecciones de escultura del Museo del Prado no era equiparable a la de pintura, la singularidad de algunas de sus piezas hizo que merecieran el esfuerzo de ser fotografiadas muy tempranamente. Al igual que las salas de pintura, las de escultura sufrieron numerosos cambios a lo largo de la segunda mitad del siglo XIX, hasta ordenarse con criterios historiográficos.

La pintura

La fotografía sustituyó al grabado y la litografía como medio de reproducción de las pinturas del Museo del Prado. En 1863 se documenta la primera solicitud de permiso para reproducir las pinturas de su colección, y desde entonces, Laurent y sus sucesores en el negocio, darán a conocer y ayudarán a difundir nacional e internacionalmente las obras del Prado. La posibilidad de ofrecer diversos formatos hizo que tuviesen diferentes funciones, desde el mero recuerdo para los visitantes, a los formatos de lujo para coleccionistas asemejando estampas o las copias de trabajo y estudio para los conservadores e investigadores.

J. Laurent y el Grafoscopio

J. Laurent y el Grafoscopio
Carlos V y el furor, por Leoni
J. Laurent y Cia.
Museo Nacional del Prado

El 24 de febrero de 1882, Alfonso Roswag y Nogier, yerno de Jean Laurent, con quien compartía la firma J. Laurent y Cia., presentó en el registro del Conservatorio de Artes de Madrid, la solicitud de patente de invención de un aparato denominado "El Grafoscopio o cuadro de rotación, aplicable a toda clase de vistas y de carteles-anuncios" , cuya finalidad era "colocar dentro de un cuadro o mueble, de dimensiones reducidas, una serie relativamente considerable de vistas o carteles-anuncios y hacerles aparecer sucesivamente ante los ojos del espectador, pudiéndolos cambiar en uno y otro sentido (…) Este aparato se compone esencialmente de un cajón, en forma de mueble, cerrado en uno (...) de sus costados principales por medio de cristales planos, ante cada uno de los cuales aparece una vista o un cartel-anuncio, que se cambia a la mano por medio de un manubrio. El Museo Nacional del Prado conserva el único Grafoscopio de este tipo que se conoce en la actualidad -quizá el único que se fabricó, pues la patente, concedida el 3 de junio de 1882, quedó suspendida por impago el 4 junio 1883.

La actividad del fotógrafo francés Jean Laurent está documentada en España desde 1856, y en 1863 aparece con el nombre de J. Laurent y Cia. Desde esta fecha comenzó a fotografiar las pinturas del Museo del Prado, haciéndolo en exclusiva entre 1879 y 1890, lo que convirtió sus catálogos editados en Madrid y París -ciudades en las que tenía tienda-, en un ineludible referente para el estudio y difusión internacional de la pintura conservada en las colecciones españolas. Laurent y Cía. era la mayor empresa de fotografía de cuantas existían en España, cuyo archivo fotográfico, con vistas y monumentos del país, era equiparable en su género a los más importantes de Europa, como el alsaciano Braun o el florentino Alinari.

Un Museo en evolución

Un Museo en evolución
Vista de la Galería Central con copistas
Underwood and Underwood
Estereoscopía, 90 x 178 mm
Colección Madrid Antiguo

El Museo del Prado ha vivido un continuo proceso de reajuste entre sus colecciones, los espacios destinados a albergarlas y los distintos criterios histórico-artísticos, que ha dado como consecuencia numerosos cambios de ubicación de pinturas y esculturas. Entre 1879 y 1920 hubo notables intervenciones arquitectónicas, como la reforma de la Sala de la Reina Isabel o la compartimentación de los salones de los cuerpos norte y sur. Esto, unido a la nueva perspectiva crítica, afectó a la composición de espacios importantes, como la citada Sala de la Reina Isabel, que de reunir obras maestras se dedicó íntegramente a Velázquez; o la Galería Central, en la que al principio se exponían obras italianas y españolas, a continuación únicamente las de los artistas nacionales, y finalmente pinturas venecianas del siglo XVI y flamencas del XVII.

Facsímil

Facsímil
El grafoscopio (facsímil)

Título

El grafoscopio. Panorama de la Galería Central del Museo del Prado (1882-1883)

Autores

J.Laurent & Cía.

Editorial

Ediciones El Viso, Madrid, 2004

Encuadernación

Tela con estampación en las dos cubiertas

Precio

57 €

Obras

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