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Arellano, Juan de

Santorcaz (Madrid), 1614 - Madrid, 1676

Nació reinando Felipe III, pero se desconocen datos concretos de su primera etapa hasta que, ya en Madrid, aparece como discípulo de Juan de Solís, de quien han llegado hasta hoy solamente algunos paisajes de no muy alta calidad. Según escribe Palomino, ya mayor, se dedicó a realizar pintura de flores, y con gran éxito, debido a su fracaso como pintor de figuras. Recibía frecuentes encargos de iglesias y conventos, nobleza y particulares, y pronto, dada la demanda de obra, instaló una tienda taller frente a las gradas de San Felipe el Real. Para ello hubo de contar con un nutrido grupo de discípulos y colaboradores que seguirán pintando a la manera del maestro y difundiendo sus modelos incluso después de su muerte. Su propio hijo, José, fue un continuador e imitador de su obra, aunque su ejecución sea más seca y dibujística y el color más apagado.
Existe de su mano una numerosa producción, con frecuencia firmada y en ocasiones fechada, que permite analizar el desarrollo de su estilo. Se conocen obras suyas a partir de 1646 y desde entonces hasta mediados de los años cincuenta denota influencia de los pintores flamencos, a veces reminiscencias de la manera tradicional de hacer del propio Brueghel, pero especialmente de Daniel Seguers, cuyas obras de concepción más moderna eran frecuentes entre los coleccionistas españoles. De él habrá de tomar el dibujo elegante, firme, minucioso y la disposición de las flores en grupos que sitúa a veces sobre cartelas de tradición manierista.
Pronto se ve influido por las obras del pintor romano Mario Nuzzi, de quien probablemente copiase algunas pinturas; sustituye la precisión por una pincelada libre y rápida que modela las formas y el sosiego por un extraordinario dinamismo en la disposición de las flores, que se agitan como movidas por el viento, así como por la utilización de un colorido extraordinariamente rico. Pese a esto nunca abandona del todo la manera flamenca volviendo a ella en obras tardías, quizá para demostrar su virtuosismo o tal vez para satisfacer el capricho de ciertos clientes.
Utilizó siempre colores primarios, siendo sus favoritos un rojo intenso, un azul fuerte, un amarillo suave y un blanco muy puro, todos perfectamente entonados, que le permitieron conseguir altos valores decorativos. Con ellos, como base de su paleta, realizó, casi siempre en pareja o series, guirnaldas -en las que colaboraba con frecuencia con otros pintores que realizaban las escenas interiores, siguiendo en esto también la tradición flamenca-, floreros decorados sobre plintos con frutas y pájaros, flores caídas o reflejadas en un espejo, a la manera de Nuzzi, y canastillos calados de mimbre, su creación más característica, que siguen el tipo que había sido ya utilizado por algunos pintores de Flandes, pero que en su creación se convierten en imágenes de gran opulencia barroca en las que las flores pugnan por salir de las dimensiones del recipiente (Luna, J. J.: El bodegón español en el Prado. De Van der Hamen a Goya, Museo Nacional del Prado, 2008, p. 158).

Obras (12)

Florero
Óleo sobre lienzo, Siglo XVII
Arellano, Juan de
Florero
Óleo sobre lienzo, Siglo XVII
Arellano, Juan de
Florero
Óleo sobre lienzo, 1650 - 1700
Arellano, Juan de
Florero
Óleo sobre lienzo, 1650 - 1700
Arellano, Juan de
Guirnalda de flores y paisaje
Óleo sobre lienzo, 1652
Arellano, Juan de
Guirnalda de flores y paisaje
Óleo sobre lienzo, 1652
Arellano, Juan de
Bodegón de frutas
Óleo sobre lienzo, Hacia 1660
Arellano, Juan de
Florero
Óleo sobre lienzo, 1660 - 1676
Arellano, Juan de
Florero
Óleo sobre lienzo, 1660 - 1676
Arellano, Juan de

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