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Juan Martínez Reyna

Caravaca de la Cruz (Murcia), 1728 - Madrid, 1800

Escultor español, poco se conoce de la biografía de este artista murciano que, en ocasiones, ha sido confundido con su sobrino el también escultor José Martínez Reyna. Fue uno de los primeros alumnos que se formaron en la Academia de San Fernando, donde debió de ingresar hacia 1753. La misma Academia le distinguiría en 1756 con un premio de escultura de segunda clase y, cuarenta años después, con el título de académico de mérito. De su trabajo conocemos un relieve conservado en el Prado, que procede de la serie de medallones diseñados para el Palacio Real y que formaba parte del grupo con temas de alegorías científicas que debían adornar la pared de poniente (Sánchez-Jaúregui, M.ª D. en: E.M.N.P., 2006, tomo IV, p. 1491).
Colaborador del escultor Jaime Bort que trabajó durante once años en Murcia. Cuando se deteriora la relación de Bort con el Cabildo y marcha a Madrid en 1748, Martínez Reyna quiere seguir el mismo camino con él, con quien seguirá colaborando hasta su fallecimiento en 1754.
Las actas de la Real Academia de Nobles Artes de San Fernando nos informan que en la Junta General de 17, 19 y 20 de diciembre de 1754, se presentó “Juan Martínez de la Reina” a los premios de primera clase, y solo obtuvo un voto.
Empezó a trabajar realizando obras en el Palacio en Aranjuez protegido por Grimaldi y más tarde por su paisano el Conde de Floridablanca, durante casi cuarenta años, fue designado Escultor de S. M. pero este nombramiento no llevaba implícita una pensión.
En 1769 las biografías indican que obtuvo el título de Académico Supernumerario por un relieve de claro corte neoclásico representando “la súplica de Betsabé a David en favor de su hijo Sansón”, obra cuyo paradero se desconoce. Presentó el 20 de abril de 1798 un memorial para la obtención del cargo de Restaurador de las esculturas en los jardines del Real Sitio de Aranjuez, tras el fallecimiento de Manuel Pacheco en 1791, que se ocupaba de esa tarea, y que consiguió, localizado por Morales (1971, p. 2) en el Archivo General de Palacio (Expedientes personales, C. 645/7) y Morales (1978) que lo trascribe al completo.
En este memorial el propio Martínez Reyna detallaba las obras realizadas en Aranjuez “estatua de mármol colocada en la fuente del Rey, habiendo ido personalmente a sacar la piedra necesaria a la villa de Borba en el Reyno de Portugal; Así mismo, el Escudo de Piedra de la Iglesia de San Antonio; Los niños de las garitas en la Puerta del Fosso; Un niño de mármol de la Fuente de Apolo; Una figura de mármol para el retrete del Príncipe; Dos sirenas en las huertas grandes; Los grupos del Fauno y Jabalí en dichas huertas; Los leones del Puente largo; Cavallos y Escudo en Sotomayor; Los cuatro jarrones de piedra de las Puertas del Cercado flamenco; Ocho jarrones de piedra para el Pabellón del Serenísimo Señor Ynfante don Gabriel; Trofeos de los Ramales de Palacio; Los cuatro Trofeos de los Quarteles de Reales Guardias Españolas y Walonas; El elefante y cibora de plomo en sus fuentes; Retablo del Real Cortijo; Bancos y niños tocante a piedra en la Plaza de la Espina del Jardín de la Lila Ocho niños de plomo y sus adornos correspondientes; También todos los bancos de piedra del dicho jardín; El Escudo del cuartel de Guardias de Corps; Otras muchas que omite por no molestar la atención de V. E.”.
Completa el catálogo de las obras de Martínez Reyna las que aparecen reseñadas en las Actas de la Real Academia y que recoge Baquero (1913): Sagrada Familia (Zamora), San Juan Nepomuceno (Colmenar), Beato Simón de Rojas (Colmenar), Crucifijo (Brunete), Santa Rosalía (Aranjuez). Su obra se desenvuelve ya en la plenitud del neoclasicismo. Como escultor de su tiempo, la producción menos importante de su taller la constituye la escultura religiosa a diferencia de los artistas de la generación anterior. Sus esculturas son producto de un idealismo de influencia francesa, trabajando preferentemente en mármol y desechando la madera. La serenidad de lo puramente estético, frío y clásico es la nota más característica de su obra. (El Museo del Prado agradece la colaboración de María Concepción de la Peña Velasco, Catedrática de la Universidad de Murcia, y María José Hernández Almela, directora del Archivo Municipal de Murcia).

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