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Magnasco, Alessandro

Génova, 1667 - Génova, 1749

Pintor italiano. Alessandro, también llamado "Il Lissandrino", estudió con su padre, Stefano Magnasco. A la muerte de éste, se trasladó a Milán, donde ingresó en el taller del pintor veneciano Filippo Abbiati. A partir de 1703 emprendió varios viajes a su ciudad natal, a la región emiliana y a la toscana. En Florencia gozó de renombre, y trabajó para el duque de Toscana. En 1711 se trasladó a Milán, donde pintó para el conde Colloredo, gobernador de la Lombardía, y regresó definitivamente a Génova en 1735. En su primera etapa trabajó como retratista, disciplina en la que, al parecer, cosechó reconocimiento. Más tarde cambió su registro pictórico y se dedicó a la pintura de género, donde representó a menudo escenas misteriosas, pobladas por mendigos, vagabundos, clero y otros representantes de la Iglesia. Recurriendo a tonalidades oscuras, el genovés creó escenas a veces grotescas, pero siempre de una insuperable fantasía, que le alejaron del realismo de los bamboccianti, pintores extranjeros, afincados en Roma, que trataban temas ambientados en la vida cotidiana. Las composiciones de Magnasco son densas, pobladas por protagonistas diminutos, que crean un inquietante ambiente dramático. Las escenas se desarrollan a menudo en las mazmorras de la Inquisición, en calabozos o en oscuros refectorios. Siguiendo una práctica habitual de la época, Magnasco colaboró con otros pintores, especializados en la representación de paisajes, de naturalezas muertas o de ruinas. Compartió encargos con Clemente Spera, especializado en la presentación de ruinas y arquitecturas, o, como en el cuadro conservado en el Prado, con Antonio Francesco Peruzzini, pintor paisajista y colaborador habitual del genovés. Mientras que Peruzzini realizó los fondos boscosos, el trabajo de Magnasco se redujo a la realización de las figuras. El carácter misterioso de muchas escenas y su particular estilo dificultan la investigación de sus fuentes artísticas. Aunque parte de la tradición genovesa, su estilo y sus asuntos lo hacen comparable a Jacques Callot y a Pier Francesco Morazzone (Reuter, A. en: E.M.N.P, 2006, tomo IV, p. 1461).

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