Adán y Eva
2007. Serigrafía sobre papel, 650 x 500 mmNo expuesto
Isabel Baquedano se interesó al principio de su carrera por una pintura figurativa de carácter social y, en general, por el realismo moderno de entreguerras, un poco al estilo del americano Edward Hooper. No obstante, enseguida se adentró por la senda de una muy autoexigente labor de despojamiento de casi todo lo superfluo, tanto en el plano formal, como en el moral. Es lógico, por tanto, que buscase progresivamente el trasfondo histórico de la modernidad y remontase su vocación primitivista hasta los primeros albores del Renacimiento, fijándose, sobre todo, en los maestros italianos de la primera mitad del siglo XV, a los que evidentemente no parodia, sino que interpela, cada vez con mayor hondura. Quizá en este sostenido diálogo con ellos, Isabel Baquedano ha reducido lo simbólico a unos cuantos gestos esenciales, mientras que formalmente ha depurado sus composiciones figurativas casi a unas sintéticas siluetas de plana monocromía, dejándolas como en un estado de flotación atmosférica. Esto, por una parte, nos puede recordar al último Matisse y, por otra, a eso que hoy se denomina, con demasiada frívola soltura, una actitud minimal.
La trayectoria de Isabel Baquedano cobra su mejor ilustración al analizar el trabajo que ha realizado en relación con los antiguos maestros atesorados en el Museo del Prado. Se ha fijado, por ejemplo, en Fra Angelico, al que ha despojado de todo brillo y prolijidad, quedándose sólo con lo esencial: un par de siluetas, en el caso de La Anunciación, encuadradas por una escenografía arquitectónica reducida al mínimo y una simple sugerencia de paisaje; tres figuras, en el caso de Adán y Eva, la de los avergonzados desnudos de nuestros primeros padres y la medio figura del ángel que los arroja al mundo. No cabe más retracción formal, pero tampoco más intensidad: los cuatro trazos sabios que sirven para enunciar lo que se cree verdadero. Una lección, en efecto, estética y moral.
Calvo Serraller, Francisco, Doce artistas en el Museo del Prado, Madrid, Fundación Amigos del Museo del Prado, 2007, p.22-25