Aristogitón
Finales del siglo I. Mármol blanco, 54 x 34 cmSala 073
Aristogitón, junto a su amante Harmodio, protagonizó en el año 514 a. C. el asesinato de Hiparco, hermano del tirano ateniense Hipias, durante las Panateneas. Su acción les costó la vida a ambos y desencadenó una serie de acontecimientos que culminaron en el nacimiento de la democracia ateniense.
Tras la muerte de su hermano, Hipias endureció su régimen hasta que la invasión de Esparta en el año 510 a. C. le obligó a exiliarse. Con el fin de la tiranía, los atenienses celebraron a Harmodio y Aristogitón como mártires de la libertad democrática y encargaron a Antenor la creación de un grupo escultórico en bronce que representase a ambos tiranicidas, destinado al Ágora de Atenas. Esta escultura, el primer monumento político de la Atenas democrática, fue saqueada por el rey persa Jerjes durante la ocupación de Atenas debido a su gran relevancia. La obra se recuperó posteriormente, pero los atenienses ya habían encargado a los escultores Critio y Nesiotes una nueva estatua de Harmodio y Aristogitón en el 477 a. C. para seguir conmemorándoles. Aunque ninguna de las dos obras ha llegado hasta nuestros días, es posible hacerse una idea de su apariencia gracias a las copias romanas realizadas en mármol. Hasta fecha reciente, se creía que estas copias (como las dos estatuas de los tiranicidas de la Colección Farnesio en el Museo Arqueológico de Nápoles, inv. 6009-6010) se inspiraban en el grupo más moderno de Critio y Nesiotes, en parte gracias a su similitud con el estilo clásico griego que presenta la obra del Museo del Prado: ausencia de sonrisa arcaica, boca entreabierta y prominente, párpados anchos y ojos grandes, adornado con un sencillo peinado de rizos ceñidos. Sin embargo, el hallazgo en la localidad napolitana de Baia-Bacoli de diversos fragmentos de otra copia romana en yeso, con rasgos de estilo más arcaico, abre la posibilidad de que se tomase como referencia otro modelo más antiguo.
La relación entre Harmodio, un apuesto joven aristócrata, y Aristogitón, su amante de mayor edad, corresponde a un modelo de relación sentimental homosexual entre un erómenos y un erastés. Lejos de estar mal consideradas, este tipo de relaciones desempeñaban un papel importante en la correcta transmisión de los valores de la élite guerrera entre las distintas generaciones de atenienses. La figura de los tiranicidas perduró como símbolo del amor y la virtud cívica: Esquines recoge cómo los oradores de la época recurrieron a su ejemplo para defender la nobleza de este tipo de relaciones homosexuales y subrayar los beneficios que aportaban a la sociedad. También se les conmemoró en la llamada “Canción de Harmodio”, un poema que les sitúa junto a Aquiles y Diomedes en las islas de los Bienaventurados, lugar reservado a las almas virtuosas.
Frente a las creencias populares, Tucídides defiende que el tiranicidio no estuvo inspirado por elevados ideales, sino que su origen estaba en una disputa amorosa: Hiparco habría tratado de seducir a Harmodio sin éxito y decidió vengarse del joven retirando a su hermana el honor de participar como canéfora en las fiestas panateneas. Aristogitón, irritado por los celos, y Harmodio, encolerizado por dicho ultraje, decidieron liderar la conjura contra Hiparco.
Como indica la inscripción en el lado derecho del busto, la cabeza de Aristogitón fue descubierta en 1779 durante las excavaciones en la Villa de los Pisones, cerca de la ciudad romana de Tívoli, promovidas por el diplomático aragonés José Nicolás de Azara. Esta campaña arqueológica sacó a la luz numerosas cabezas en mármol de personajes griegos que posteriormente se completaron en forma de hermas (bustos elevados sobre un pilar). Azara se guio por sus propios criterios para identificar a los retratados y consideró que buena parte de los bustos representaban a famosos pensadores de la antigüedad, aunque la mayoría de sus identificaciones resultaron erróneas. En este caso inscribió el nombre de Pherekydes en el pecho del busto, probablemente movido por el estilo arcaico de la pieza y el interés que suscitaba el filósofo presocrático Ferécides de Siros entre sus contemporáneos.
En 1801, Azara donó sus colecciones de escultura a Carlos IV. En 1824 los bustos se repartieron entre la Casa del Labrador de Aranjuez, donde se ubican actualmente la mayoría de ellos, y el Museo del Prado.