Asturias
1910. Óleo sobre lienzo, 198 x 294 cmDepósito en otra institución
Al artista, que trabajaba en Fojanes, a las afueras de Gijón, le resultaba fácil representar los motivos campesinos, que rodeaban su estudio. En 1908 había pintado ya Barbechando (colección particular), obra de pequeñas dimensiones, estudiada del natural, que se reprodujo en la revista Blanco y Negro. Entre 1898 y 1910 prodigó composiciones con ese asunto. Una de ellas (óleo sobre lienzo, 28 x 34 cm, Gijón, colección particular) puede considerarse boceto para esta obra, lo mismo que otro, de ejecución muy desenvuelta, con los bueyes dispuestos en sentido inverso (óleo sobre lienzo, 43 x 64 cm, colección particular). El cuadro definitivo lo abordó en 1910 en el paraje del Rinconín, con el mar al fondo. De este modo el artista no dejaba de introducir una referencia a lo que era su principal seña de identidad corno pintor. El tratamiento neblinoso del paisaje hizo que la crítica señalara la suave melancolía de la obra. Sin embargo, si se advierte la gran franja, que ocupa más de la mitad del lienzo, en la que el pintor representó la tierra arada, puede deducirse el interés que Álvarez Sala tuvo por pintar con procedimientos pictóricos destinados a reflejar aspectos aparentemente secundarios que, así, se convertían en principales. Para el artista era importante mostrar el carácter material de la tierra arada a pesar de que sus tonos ocres tuvieran aparentemente menor belleza que los verdes esmeralda del prado, los azules violáceos del mar y los más suaves del cielo. También los animales están representados con extraordinario cuidado, fruto de su análisis en un estudio previo al carbón conservado por los familiares del artista.
La crítica fue en general favorable; muchos de los comentarios, como el del pintor Mariano Miguel hacían alusión al aspecto regionalista que parecía desprenderse de la obra: “corno todo lo suyo encanta y está llena de sabor regional”. La crítica de Francisco Alcántara agregaba la consideración de la sutileza del artista: “pintura discretísima y hasta sabia, cuadro bello y lleno de delicadeza, del que se desprende el encanto de un género de misticismo que sabe a terruño”.
Presentada a la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1910, la obra obtuvo una segunda medalla. El cuadro ha recuperado su marco original dorado.
Barón, Javier, 'Ventura Álvarez Sala. Asturias' En: El factor Prado: los depósitos del Museo Nacional del Prado., Museo de Bellas Artes de Asturias,, 2022, p.234-237 nº 54