Bodegón (Hombre con mono y frutas)
1660 - 1670. Óleo sobre lienzo, 99,2 x 132,6 cmEn exposición temporal
La escena está protagonizada por un chico joven, vestido con una camisa rojiza y una zamarra sin mangas, y un mono con un cuchillo en la mano; el joven lo tiene sujeto con una cadena. Se trata de una representación de un simio habitual en el arte occidental, que lo sitúa a medio camino entre robar la fruta y estar dominado por un ser humano. Ambos personajes aparecen rodeados de un acopio de frutas dispuestas encima de un muro de piedra con una cornisa clásica trabajada (mediante óvulos y dardos), que soporta una columna medio tapada por las ramas y pámpanos de una higuera (con los higos maduros y medio rajados). Las frutas, entre las que encontramos uvas, ciruelas, melocotones partidos, una granada gigantesca, una sandía rota, melones, peras y calabazas, son un espectáculo visual por la combinación de texturas y colores que ofrecen. Encima del pretil, en el extremo inferior derecho, también hallamos un jarroncito de vidrio (de cuerpo esférico, pie discoidal y boca estrecha) con un sencillo ramo de lirios, campanillas, jazmines, rosas y una dalia. La pintura describe de manera minuciosa la vida opulenta de un personaje poderoso y rico, con la presencia de comida abundante, animada por un animal exótico y un sirviente, en una casa ajardinada. La composición deriva de obras como las de Michelangelo Cerquozzi (Roma, 1602-1660), y recibe la influencia de dos ejes artísticos: la corriente caravaggista popular romana (conocida como la de los bamboccianti) y las naturalezas muertas flamencas (como el Bodegón con sirvienta, de Frans Snyders, pintado hacia 1633 y conservado en el Museo del Prado, P1757).
Estilísticamente, la obra se ha atribuido de manera tradicional al italiano Mario Nuzzi, también conocido como Mario dei Fiori, por su especialización en la pintura de flores. Así sale ya recogida en el inventario del Museo Real de 1857, con el antiguo número de inventario 1838 (que aún figura en color rojo en el ángulo inferior izquierdo): "Escuela de Mario de Fiori [...] Un frutero con una mona y un hombre pesando frutas", por cuya descripción se entiende que debieron confundir la cadena del mono con unas balanzas. El arte de Mario Nuzzi tuvo mucho éxito entre las clases acomodadas de Roma, y su fama se difundió por toda Europa. La Corona española fue un cliente importante, tal como atestiguan los inventarios antiguos. No obstante, hay que tener en cuenta que, pese a una presencia significativa de obras suyas en las colecciones reales, no hay muchas que estén firmadas. Además, Nuzzi apenas pintaba figuras humanas: para esas cuestiones se asociaba con otros pintores. De los pocos autores que han defendido la atribución al maestro italiano, encontramos la ficha del catálogo de Alcolea (1980), que la justificó argumentando la posible relación del cuadro con las soluciones realistas del caravaggismo y la supuesta lejanía del mismo con las naturalezas muertas flamencas y holandesas.
Pese a la vieja relación de la obra con Mario Nuzzi, no parece que haya motivo para seguir vinculándola con este pintor, porque en realidad no responde a su estilo, tal y como ya destacó Pérez Sánchez (1965), dado que la atribución le resultaba “poco aceptable, pues no presenta ninguno de los caracteres típicos de Nuzzi”, al tiempo que lo consideró un cuadro de calidad y mucho interés, “próximo a lo Guercinesco”. Por este motivo, el inventario de 1990 recogió la autoría de la pintura como “Anónimo romano del siglo XVII”. En la obra se percibe la mano de Abraham Brueghel (Amberes, 1631-Nápoles, 1697), un pintor flamenco miembro de la familia del mismo nombre, que llega a Sicilia con solo dieciocho años, se traslada a Roma en 1659, donde entonces triunfan Nuzzi y los bamboccianti, y acaba en Nápoles a partir de los años setenta del siglo XVII. Brueghel abre en la ciudad de Roma una vía de explotación artística de las naturalezas muertas, de la que participan otros pintores flamencos y alemanes, como David de Coninck (Amberes, c. 1644-Bruselas, 1701/1705) o Franz Werner von Tamm (Hamburgo, 1658-Viena, 1724). Hay coincidencia en el tratamiento de la fruta, la luminosidad de la escena y el encuadre en un paisaje domesticado. La composición también recuerda otras similares del mismo pintor flamenco, incluso en los detalles del pretil, como Mujer con fruta del Museo del Louvre (RF 1949-4), firmada por Abraham Brueghel y datada en 1669.
El autor del mozo y del animal debía de ser socio habitual del anterior, como el francés Guillaume Courtois (Saint-Hippolyte, 1628-Roma, 1679), dadas las analogías con otras obras suyas. Compárese el rostro del chico del bodegón con el del David del cuadro David y Goliat conservado en los Museos Capitolinos de Roma (PC 404), o con el del Isaac del Sacrificio de Isaac del Museo de Hinton Ampner (cerca de Winchester, en Reino Unido). También recuerda una pintura en la que trabajan conjuntamente Brueghel y Courtois, titulada Ceres con ángeles, flores y fruta, datada hacia 1670, que fue comprada por el Museo Paul Getty de Malibú en 1992, y subastada el 6 de diciembre de 2012 en Sotheby´s Londres (lote 179).
Yeguas Gassó, Joan, 'Abraham Brueghel y Guillaume Courtois (Atr.) Hombre con mono y fruta', Edicions de la Universitat de Barcelona, 2022, p.371-373 nº 42