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Las plantas en las colecciones del Museo del Prado

La botánica en el arte

CaixaForum. Girona 24/3/2026 - 23/8/2026

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Hasta el próximo 23 de agosto en CaixaForum Girona podrá visitarse “La botánica en el arte. Las plantas en las colecciones del Museo del Prado”, una exposición inédita que invita a redescubrir 53 piezas procedentes del Museo Nacional del Prado desde una perspectiva nueva: destacando el protagonismo del mundo vegetal en grandes obras maestras.

A través de una cuidada selección de pinturas, esculturas y artes decorativas procedentes del Museo Nacional del Prado, la exposición “La botánica en el arte” -comisariada por Eduardo Barba Gómez, jardinero, paisajista e investigador botánico en obras de arte, con la colaboración de Beatriz Sánchez Torija, de la Colección de Dibujos, Estampas y Fotografía del Museo Nacional del Prado- revela cómo las plantas han sido, a lo largo de la historia del arte, elementos silenciosos que contribuyen a construir los relatos religiosos, mitológicos, políticos y emocionales de numerosas obras maestras. Lejos de ser simples elementos decorativos o telones de fondo, la exposición reivindica el papel de las especies vegetales por sus aportaciones en clave narrativa y simbólica para ampliar y enriquecer la lectura de las escenas.  

Comisario:
Comisariada por Eduardo Barba Gómez, jardinero, paisajista e investigador botánico en obras de arte, con la colaboración de Beatriz Sánchez Torija, de la Colección de Dibujos, Estampas y Fotografía del Museo Nacional del Prado.

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Organizada por:
Fundación ”la Caixa”

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Exposición

La selección de obras: una mirada transversal

La exposición reúne 53 obras que abarcan un amplio arco cronológico y una notable diversidad de escuelas, géneros y técnicas. La selección incluye pintura flamenca y de las escuelas del Norte, pintura italiana y francesa, y pintura española —con una especial representación de la colección del siglo XIX—, además de ejemplos de escultura y artes decorativas.

Lejos de plantear un recorrido cronológico o estilístico, la muestra adopta un criterio transversal: el elemento común que enlaza todas las piezas es la presencia significativa de especies botánicas. Esta decisión permite establecer diálogos inesperados entre obras de épocas y contextos distintos conectados por una misma planta, un simbolismo compartido o un uso similar.

 En algunos casos, incluso se han escogido piezas por sus marcos, cuando sus motivos vegetales son relevantes como parte del discurso expositivo. Un ejemplo de ello es Fiesta en un jardín, de Charles-Joseph Flipart, que presenta una escena cortesana en un jardín de mediados del siglo XVIII. Como una extensión de la pintura, una planta herbácea con volutas de estilo rococó se enrosca por el marco, consiguiendo que el jardín pintado por el artista se prolongue hacia el exterior del cuadro, acercándose todavía más al espectador.

Al reunir obras que raramente ofrecen esta perspectiva, la exposición propone una nueva aproximación a las colecciones del Prado y muestra cómo el mundo vegetal puede convertirse en un hilo conductor capaz de atravesar siglos de historia del arte y generar conexiones inéditas entre piezas aparentemente distantes.

Recorrido expositivo

Recorrido expositivo
Bodegón de flores

Jan van Kessel el Viejo (1626 -1676)

Óleo sobre lámina de cobre

1633 - 1666

Madrid, Museo Nacional del Prado

El itinerario se abre con un espacio introductorio que actúa como síntesis visual y conceptual de la exposición. Cuatro obras, procedentes de épocas y contextos distintos, anticipan los contenidos de los cuatro ámbitos en los que se articula la muestra.

La dimensión narrativa de las plantas se ejemplifica con la obra La Virgen con el Niño, san Juan y ángeles (1536), de Lucas Cranach el Viejo, donde un racimo de uvas simboliza la aceptación del sacrificio que Jesús asumirá en su vida adulta. El espacio dedicado a la jardinería y el goce estético se introduce con Bodegón de flores (1663-1666), obra de Jan van Kessel el Viejo, una composición repleta de tulipanes, rosas y lirios. El ámbito en el que se aborda la sensualidad de los frutos se adelanta con el bodegón del siglo XVII Mesa, de Jan Davidsz De Heem, en el que las texturas y brillos de distintas frutas cobran protagonismo. La carga emocional del paisaje, por último, se preludia con el óleo Las huertas (Cuenca) (1910), de Aureliano de Beruete, que destaca los tonos verdes de la vegetación y subraya la identidad de la ciudad, mostrando su carácter austero.

Las cuatro obras presentes en esta sala introducen las líneas de reflexión que se desarrollarán en los ámbitos siguientes y refuerzan el enfoque transversal de la exposición: obras que fueron realizadas en distintos siglos y con temáticas diversas encuentran un punto de unión en el mundo vegetal.

Plantas que cuentan historias

Plantas que cuentan historias
La infanta María Antonia Fernanda de Borbón

Jacopo Amigoni (ha. 1680/82-1752)

Óleo sobre lienzo

Hacia 1750

Madrid, Museo Nacional del Prado

El primer ámbito temático profundiza en la capacidad narrativa del mundo vegetal. Las obras reunidas en esta sección muestran cómo, desde antiguamente, las plantas han actuado como portadoras de significados simbólicos vinculados a lo religioso, lo mitológico, lo político o lo sentimental.

En La infanta María Antonia Fernanda de Borbón, de Jacopo Amigoni, c. 1750, por ejemplo, una joven en edad casadera sostiene un clavel. Esta especie mediterránea es una de las más representadas en la historia del arte, aunque su significado varía según el contexto. En la mano de la infanta, la flor alude al compromiso afectivo que la une, o la unirá, a otra persona en matrimonio.

Otro ejemplo se encuentra en una Crucifixión anónima del siglo XVI en la que aparece un gordolobo, una planta de pequeñas flores amarillas, que crece junto a una de las tres Marías, que la observa con ojos llorosos. A esta especie se la conoce también como “candela regia” o “candelaria”, porque se utilizaba como cirio en ceremonias como los funerales, por lo que su presencia en esta obra refuerza su temática mortuoria.

El Prado es un jardín

El Prado es un jardín
Los escuchas marroquíes

Antonio Muñoz Degrain (1840-1924)

Óleo sobre lienzo

Hacia 1879

Madrid, Museo Nacional del Prado

La segunda sección explora el jardín como espacio real y como construcción simbólica. A lo largo de la historia del arte, el jardín se ha concebido como lugar de armonía, de conocimiento, placer estético o retiro espiritual. Es un lugar donde el ser humano encuentra sustento y equilibrio y donde parece que nada malo pueda pasar.

Por este motivo el ámbito también rinde homenaje al jardinero, figura que dedica tiempo y esfuerzo a cuidar de un espacio muy frágil, ya que, si no se atiende, se transforma por completo. En este sentido, actúa casi como un demiurgo, ya que da forma y armoniza ese pequeño universo con una voluntad creativa que se asemeja a la de los artistas.

Esta reverencia ante la figura del jardinero se aprecia en pinturas como Paisaje con un cartujo, de Herman van Swanevelt, donde un monje cuida un jardín de plantas bulbosas como tulipanes, azucenas o coronas imperiales. El personaje examina los bulbos que serán más apropiados para la siguiente temporada, mientras tres de ellos que se han descartado reposan sobre una roca.

El gusto por las plantas

El gusto por las plantas
Placa con pájaros y collar de perlas

Galleria dei Lavori, Florencia (siglos XVI-XVIII)

Taracea

Primer tercio del siglo XVIII

Madrid, Museo Nacional del Prado

El tercer ámbito se adentra en la dimensión sensorial del mundo vegetal. Las plantas, especialmente las que producen frutos comestibles, estimulan varios sentidos, y los artistas desplegaron su virtuosismo para representar de manera minuciosa flores y alimentos.

El bodegón, género central en esta sección, permite apreciar la fascinación por las texturas, los brillos y los matices cromáticos de distintas frutas. En ocasiones, como en Placa con taza que contiene frutas y mariposa, de finales del siglo XVII, las composiciones reúnen frutos de distintas estaciones en una misma escena, desafiando la lógica natural en favor de una imagen de abundancia. En esta pieza de autoría desconocida, cerezas y granada se muestran maduras al mismo tiempo, pese a que las primeras se recolectan entre la primavera y el verano, y la segunda en otoño.

Otros bodegones de esta sección permiten adivinar los gustos y costumbres de su época. En el óleo atribuido a Abraham Brueghel y a Guillaume Courtois titulado Bodegón. Hombre con mono y frutas (1660-1670), por ejemplo, aparecen dos tipos de cítricos muy valorados en la Europa del s. XVII: el naranjo amargo variegado, con bandas verdosas y amarillentas, y el naranjo “corniculata”, con unas llamativas deformaciones en su piel. Su representación en esta obra refleja la fascinación que despertaron los cítricos en el continente, cuando dinastías como los Medici en Italia reunieron en sus jardines una notable diversidad de especies.

Las emociones en el paisaje

Las emociones en el paisaje
La Abundancia y los Cuatro Elementos

Jan Brueghel el Viejo, (1568-1525) y Hendrik de Clerck, (ca. 1570-1630) 

Óleo sobre cobre

1606

Madrid, Museo Nacional del Prado

El cuarto ámbito de la exposición aborda la dimensión expresiva del paisaje. Los bosques y jardines no son simples fondos para decorar una escena: sirven como recursos para transmitir estados de ánimo y construir atmósferas.

Un buen ejemplo lo ofrecen dos escenas de bosque incluidas en esta sección. En la primera, Bosque con jinetes y perros (1625-1630), Hendrick Cornelisz. Vroom representa un amplio camino flanqueado por robles, al fondo del cual apenas se aprecian unos perros minúsculos persiguiendo a una presa. La cacería, lejana, no altera la sensación de calma que transmite el paisaje, marcado por la quietud de los árboles.

En contraste, Bosque (1640-1645), de Simon de Vlieger, presenta otro roble, esta vez sacudido por el viento en plena tormenta. Esta especie de árbol es una de las más veneradas de Europa y, en este caso, el pintor la usó para simbolizar la fortaleza y la resiliencia necesarias para hacer frente al temporal.

Epílogo: Un murmullo entre las hojas

Epílogo: Un murmullo entre las hojas
Escenas en un jardín

Giovanni Battista Colombo

El recorrido concluye con un espacio protagonizado por una sola obra: Escenas en un jardín (c. 1765), de Giovanni Battista Colombo. En el óleo aparecen diversos personajes elegantes en un jardín frondoso, organizado con elementos de arquitectura clásica, esculturas y fuentes. Algunos juegan, otros pasean, observan flores o se detienen junto al agua. La escena transmite un ambiente de calma y refinamiento.

Como señala Eduardo Barba en el catálogo de la exposición, esta pintura resume la renovación de la mirada que propone La botánica en el arte: la capacidad de detenerse y atender a los distintos detalles que a menudo pasan desapercibidos. Es una forma de mirar que siempre puede acompañar al visitante, ya sea al recorrer un jardín o visitar un museo, y que en cada ocasión revela matices particulares.

La muestra se cierra así invitando al público a seguir prestando atención a los márgenes de las grandes obras maestras y a reconocer, más allá de la exposición, la importancia del mundo vegetal. En esta sección también se incluye un ambiente sonoro envolvente que recrea el sonido de la última obra y que acompaña su contemplación, con sonidos como el rumor del agua, cantos de mirlos, cantos de petirrojos y brisa, entre otros, creado por el Estudi Carles Mestre.

Inclusión de fotografías botánicas

“La botánica en el arte” toma como eje narrativo las obras clásicas del Museo del Prado, pero su planteamiento museográfico introduce recursos contemporáneos que transforman la forma de relacionarse con ellas. 

 Uno de los elementos centrales de la exposición es la inclusión de una serie de fotografías botánicas realizadas o reinterpretadas de manera exclusiva para el proyecto por la artista Paula Codoñer. Estas imágenes, dispuestas junto a las obras del Prado, permiten identificar con precisión las especies representadas y establecer un diálogo directo entre las obras y las plantas tal y como se presentan en la naturaleza. Al confrontar ambas representaciones, el visitante puede apreciar detalles que en el lienzo podrían pasar desapercibidos.

 Lejos de ser un recurso meramente didáctico, las fotografías de Codoñer se integran plenamente en el discurso expositivo. Se muestran en soportes diseñados específicamente para ellas y distribuidos estratégicamente en las salas, con el objetivo de reforzar la relación con las obras originales. Contribuyen así al enfoque multidisciplinar de la muestra, que combina arte e investigación botánica. 

Experiencia multisensorial

A este diálogo visual se suma una experiencia sensorial pensada para ampliar la percepción del público. A lo largo del recorrido se han dispuesto estaciones olfativas que recrean aromas inspirados en algunas de las especies presentes en las obras. En total, son cinco creaciones diseñadas específicamente para la exposición a cargo de la perfumista Luz Vaquero. El proyecto, en colaboración con la empresa Iberchem, ha sido coordinado por María Ángeles López y Sandra Cermeño. Los dispositivos, adaptados a distintas alturas, permiten que el espectador complete la observación de las obras con una dimensión más íntima y evocativa de la botánica.

En conjunto, la propuesta museográfica conjuga el respeto por la conservación y la integridad de las obras con una apuesta por ampliar los lenguajes expositivos. La combinación de arte histórico, fotografía contemporánea y estímulos olfativos configura una experiencia multisensorial que invita a redescubrir las colecciones del Prado desde una perspectiva activa y renovada.

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