Cristo crucificado
Segundo tercio del siglo XVIII. Madera, Hueso, Vidrio, Metal, Pelo, 322 x 166 cmDepósito en otra institución
La imagen de Cristo expirado remite a los crucificados de Gregorio Fernández tanto en la concepción general como en el motivo. Es un trabajo de minuciosa verosimilitud, la calidad de la talla se refuerza con el recurso barroco de los postizos. En palabras de Fernández González, 2015, “La policromía es sobria, de carnación pálida a pulimento, sin excederse en la sangre. El cuerpo está resuelto con impecable corrección académica; es delgado y de afinada anatomía, precisa en la evidencia de la estructura ósea y la definición de músculos y tendones; la verticalidad se quiebra, vencida la cabeza hacia la derecha y desplazadas las caderas a la izquierda. En torno a ellas el paño adopta una característica disposición más atenta a la estética que a la funcionalidad, pues los extremos se muestran sueltos y separados, apenas sujetos en la cuerda, natural. Consigue así, por una parte, extremar el desnudo, que es completo en el perfil derecho; y por otra, un dinamismo implícito en la impresión de precariedad, al que contribuyen los prolijos pliegues aristados delicadamente tallados, introduciendo líneas oblicuas. Hay cansancio sin muerte en el rostro macerado de modelado suave, con la boca entreabierta y un resto de mirada en los ojos. La serenidad se impone a la tragedia en esta escultura que "transmite en conjunto el sentimiento de una galante salvación, de una religiosidad amable" (Wattenberg). Salvador Carmona recurrió al mismo modelo en otras ocasiones como en la parroquial de Azpilcueta (Navarra), El Real de San Vicente (Toledo) o Los Yébenes (Toledo)”.
Tal como señalaba Luis Luna Moreno (1986, no 21), la escultura es una síntesis de los postulados estéticos de Salvador Carmona: junto a recuerdos claramente barrocos, como la espina que atraviesa el párpado, o la cruz arbórea, de tradición andaluza, el rococó asoma en el minucioso y rico plegado del paño de pureza, mientras que la concepción y acabado de la anatomía señalan al neoclasicismo. Aparece firmado en la caída lateral del paño de pureza.
Ingresó en el Museo del Prado por ordenación de colecciones estatales, tras la extinción del Museo Nacional de Pintura y Escultura de la Trinidad, donde habían ingresado anteriormente por incautación de bienes eclesiásticos desamortizados. Sánchez Cantón proponía como procedencia más probable el Colegio de Nuestra Señora de Loreto de Madrid, aunque J. J. Martín González menciona un Cristo crucificado, de las mismas medidas, en el Oratorio del Salvador de Madrid.
Por Real Orden de 23.6.1855 se depositó en el Convento de Misiones Dominicas de Ocaña (Toledo), según consta en la "Relación de los cuadros que se han cedido para el convento de Dominicos de Ocaña en virtud de Real Orden. [...] Escultura en madera... 58. Un Crucifijo tamaño natural". Posteriormente, por Real Orden de 20.5.1858, se depositó en el Real Monasterio segundo de la Visitación de Santa María (Madrid), según consta en la relación de "Esculturas pertenecientes al Museo Nacional y que se hallan fuera del Establecimiento dho en calidad de deposito, segun orden superior"[...] "58. Un Crucifijo de igual materia q.e las imagenes anteriores; tamaño natual y cuerpo entero, pintado. Entregado por orden del Sr Director gral de Instruccion pp.ca Dn Eugenio de Ochoa, á la Superior del Rl Monasterio 2o de la Visitacion de Sta Ma de esta Corte, en calidad de deposito, y con las mismas condiciones qe el anterior; segun nota del invent.o de este Museo." (AMNP Caja 1366, leg. 11.280, exp. 53, p. 5). Reclamada su devolución por acuerdo del Patronato de 08.07.1921, fue devuelto al Museo del Prado el 13.08.1921. Por acuerdo del Patronato del 06.04.1933, se depositó Museo Nacional de Escultura de Valladolid.