San Isidro Labrador
Hacia 1754. Mármol, 88 x 124 cmNo expuesto
En medio de la composición, el santo en pie, con la azada, en actitud de éxtasis místico. A la derecha, su esposa, Santa María de la Cabeza, llevando una alcuza de aceite y una tea para la lampara, en su papel de cuidadora de una ermita de la Virgen, y a la izquierda, el caballero Vargas se arrodilla para saludar al Santo, descendiendo de un corcel que un criado retiene por la brida. En el fondo, a la izquierda, se ven edificios madrileños y a la derecha, el ángel con la yunta con arando, mientras bajan de los cielos bellos querubines (Blanco, 1981).
Salvador Carmona tuvo muy presente la iconografía de S. Isidro a lo largo de toda su vida. Ayudó a Villabrille en la ejecución de las estatuas de San Isidro y Santa María de la Cabeza en el puente de Toledo (1723), y es autor de las estatuas de San Isidro y Santa María de la Cabeza en la iglesia de San Isidro de Madrid, pero realizadas con otra estética. También es de su mano un elegante San Isidro labrador en la iglesia de Santa María del Castillo de la localidad vallisoletana de Nuevavilla de las Torres, y muy similar debió de ser también el que hizo en torno a 1751 para la Congregación de Seculares Naturales de Madrid de la iglesia de San Isidro el Real, desaparecido en la última guerra, del que se conoce a través de un grabado de Juan Bernabé Palomino, todos ellos recogidos en Albarrán (2008, p. 131) quien data el relieve para el Palacio Real en 1754.
Luis Salvador Carmona se debió aproximar pronto a Olivieri, ya que previamente, en 1743, aparece colaborando en los adornos, máscaras y trofeos que se estaban realizando según el plan trazado por Sacchetti.
Fue tasado en 13.000 reales de vellón, indicando “Medalla de San Isidro y Santa María de la Cabeza, con el modelo del propio tamaño según su mérito”, el 19 de enero de 1761 por los escultores Juan Pascual de Mena y Roberto Michel, con el visto bueno de Sabatini (AGP, Obras, P. 3, transcrito por De la Plaza, 1975, p. 411).