San Dámaso y san Jerónimo
1760 - 1761. Mármol, 86 x 125 cmNo expuesto
La escena presenta al Papa San Dámaso y San Jerónimo, entregándole el manuscrito de la Vulgata. La atribución de que el medallón fue concluido por Olivieri se debe a Tárraga (1996, p. 60): “El grado de participación de uno y otro lo deducimos teniendo en cuenta el estado en que se le entrega a Olivieri y el aspecto que hoy nos ofrece. García Gainza (1990) reparó en que esta obra de Carmona se recogió sólo desbastada, razón que le lleva a pensar, lógicamente, que “la labor del escultor aún no había concluido”. Sobre este relieve, Lorente Junquera (1954) no le dedicó atención en su estudio pero sí lo analizó en el Catálogo del Prado, y aparte de describir la escena en él representada y darlo como obra de Luis Salvador Carmona, añade: “Son admirables las calidades de los ropajes y la vitalidad de los rostros”. Sin pretender desmerecer el arte de Carmona, podemos, partiendo de los datos conocidos sobre esta pieza, observar en ella y no sólo en el grupo principal de San Dámaso y San Jerónimo, sino también en el de los discípulos a la izquierda del Pontífice, varias características que delatarían esa intervención del estatutario de Carrara por la forma de estar trabajado el mármol: detallismo, gusto por horadar el iris de los ojos en todos sus personajes, apreciable en todos los rostros representados, aun aquellos más alejados de los dos principales protagonistas; el acabado a base de conseguir superficies muy pulidas e incluso apreciamos que algunas de las manos muestran cierto alargamiento. Estas características y otras como la realización de los trajes y plegado de los paños, parecen ser signos elocuentes de esa intervención, en su acabado, del escultor italiano. En este caso se está cumpliendo lo que Castro trataba de evitar con su escrito de protesta a la Junta y con su negativa a concluir trabajos de otros, y es que se produjese confusión sobre quién era el autor y la necesidad de que cada obra tuviese autor conocido. La participación de Olivieri, sin embargo, puede plantear también algunas dudas, porque, aunque con toda seguridad el relieve de Carmona se le entregó en su casa y una orden real le obligaba a su conclusión, bajo amenaza económica, lo cierto es que Olivieri sólo dispuso de aproximadamente mes y medio para poder obedecer la orden del Rey en este sentido. La proximidad de su enfermedad y su ausencia de la Corte a primeros de julio de 1761 le impedirían cumplir por completo el mandato real. Quizá, por esa escasez de tiempo sólo pudo terminar el de Carmona y La imposición de la casulla a San Ildefonso, de Francisco Devoge”.
Fue tasado en 5.000 reales de vellón, indicando “a medio desbaste, con el modelo del propio tamaño”, el 19 de enero de 1761 por los escultores Juan Pascual de Mena y Roberto Michel, con el visto bueno de Sabatini (AGP, Obras, P. 3, transcrito por De la Plaza, 1975, p. 411).