Doña Urraca
1857. Óleo sobre lienzo, 222,4 x 138,5 cmDepósito en otra institución
Aunque conocido sobre todo como ilustrador gráfico, este artista riojano, formado en Madrid, se dedicó también a la pintura de manera solvente. De ello dan buena cuenta los dos cuadros realizados para la Serie Cronológica de los Reyes de España -este y Fernando III el Santo (Museo del Prado, P4736)-, que pueden considerarse, en especial el que nos ocupa, como sus mejores pinturas. Si en el caso del monarca tuvo en cuenta imágenes anteriores -pues lo muestra con la espada y el orbe en las manos, de acuerdo a la iconografía habitual del santo-, para la imagen de Urraca no parece que el artista tuviera en consideración los referentes grabados anteriores (en especial la estampa incluida en Memorias de las Reynas Catholicas de Enrique Flórez, de 1761) ni el libro de Hernando de Ávila adquirido por José de Madrazo para el Museo (D6407), que además la mostraba con la corona de emperatriz.
Parece, por tanto, que Múgica ideó su propia imagen de la reina idealizando su rostro y vistiéndola con una indumentaria genérica que, no obstante, resulta de gran belleza por su colorido y riqueza. Buscando también la originalidad, dispuso el fondo ligeramente en diagonal -y no de frente como en Fernando III el Santo- y la mostró bajando del estrado, flexionando así la rodilla derecha. Esto también le obligó a descentrar el trono e incluso a cortar parte de uno de los emblemas heráldicos. Como en otras efigies reales de la serie, Múgica incluyó los escudos de sus reinos, en este caso el de Castilla a la izquierda y el de León a la derecha, si bien se recreó mucho más que otros compañeros en el despliegue arquitectónico del fondo. Este carece de un estilo definido o concreto y se basa en la sucesión de palmetas y motivos vegetales en bajorrelieves así como en la presencia de capiteles con reminiscencias corintias.
Como en otros cuadros de la serie, la banda inferior recoge el nombre y la fecha de muerte de la reina y conserva el marco original, sin decoración, pero dorado al agua y policromado al temple. A diferencia de otros, el marco ha conservado la cartela inferior, con el apellido del autor, que puso Federico de Madrazo durante su etapa como director (posiblemente hacia 1863): para entonces la serie se había dado por amortizada y el Museo priorizaba ya una ordenación por escuelas y artistas y no un discurso meramente iconográfico (Martínez Plaza, Pedro J., en Gerardo Boto y José Alberto Moráis (eds.), Reina Ella. Urraca I de León (1109-1126), catálogo de exposición, 2026, p. 196).