El arco del rey Casto en la Catedral de Oviedo
1887. Óleo sobre tabla, 67 x 42 cmDepósito en otra institución
En 1887 Uría volvió a Asturias a pasar una temporada interrumpiendo su estancia en Italia, y realizó algunas pinturas con motivos asturianos, entre ellas esta, que presenta a una dama de luto reclinada ante la portada de la capilla del Rey Casto de la catedral de Oviedo, uno de los mejores ejemplos del arte gótico conservado en Asturias, centrada en su parteluz por una escultura de la Virgen de la Leche. En el tímpano aparece Cristo resucitado. La devoción a ambas imágenes explicaría la presencia en el reclinatorio de la joven dama de luto cuya actitud desconsolada podría deberse a la pérdida de un ser querido. Otra interpretación mostraría en esta obra, pintada tres años después de la publicación de la novela La Regenta, que en Oviedo produjo una gran convulsión, una hipotética inspiración en el ambiente de esta novela.
El cuadro refleja la orientación del artista hacia una pintura de resolución rápida y amplias pinceladas, cuyo brío puede percibirse, sobre todo, en la ejecución de las esculturas. También se advierte, en el corte que la composición hace con la parte superior de las arquivoltas y, a la derecha, con el tapiz, la voluntad de introducir al espectador de manera inmediata en la obra. Partía, en ello, de su proximidad a algunos pintores levantinos, entre ellos Salvador Martínez Cubells, que fue su maestro, y Francisco Domingo, a quien conoció en París. Pero fue sobre todo el aragonés Francisco Pradilla, que además apoyó al artista en este año cuando se planteó por el Ayuntamiento de Oviedo la adquisición de su gran cuadro El campo de san Francisco (primer grito de independencia. 1808) (Museo Nacional del Prado, I 1299), la personalidad más influyente sobre el pintor en 1887. Así lo revelan esta obra y otra, especialmente, también ambientada en la catedral de Oviedo, titulada En el coro (colección particular). En ambos casos, las pinturas de Uría son testimonios de elementos arquitectónicos -en este cuadro, los púlpitos-, y ambientes enteros, como el coro, que se perdieron con la reforma del obispo Ramón Martínez Vigil.
Uría dedicó su mayor atención a la Virgen de la Leche, cuya policromía original, movimiento de la cabeza y expresividad del rostro la convierten en la figura principal de la composición. Tiene interés la presentación del gran tapiz de cenefa dorada que pende, debido a la influencia del gusto de Mariano Fortuny por estos elementos decorativos, que habían difundido sus seguidores, a algunos de los cuales, como José Villegas y el propio Pradilla, trató Uría en Roma. La pintura, con los colores mezclados sobre el mismo lienzo, es muy desenvuelta según puede verse sobre en el dosel y en las figuras de los apóstoles, pero el pintor muestra la riqueza de la rejería, cuyo diseño lineal transmite en su integridad.
Barón, Javier, 'José Uría y Uría. El arco del rey Casto en la catedral de Oviedo'. El factor Prado: los depósitos del Museo Nacional del Prado., Museo de Bellas Artes de Asturias,, 2022, p.198-201 nº 45