Después de una huelga
Hacia 1895. Óleo sobre lienzo, 252 x 374,2 cmDepósito en otra institución
La obra es el máximo exponente de la dedicación de José Uría a los temas de pintura social. Partió de la huelga que habían llevado a cabo en la primavera de 1892 los empleados de los Talleres de la Compañía del Norte de Valladolid, que tuvo una gran repercusión. El pintor no debió de ser testigo de los hechos pues comenzó a residir en Valladolid en enero de 1893 como profesor de la Escuela de Bellas Artes de aquella ciudad, pero pudieron informarle amigos que residían allí, como su condiscípulo Ángel Díaz, secretario de aquella Escuela.
El asunto se relaciona con el de “Una huelga de obreros en Vizcaya” de Vicente Cutanda (Museo Nacional del Prado, P7793), que había obtenido en la Exposición de 1892 una medalla de primera clase. El propio Cutanda había presentado a la de 1895 una obra titulada “Epílogo” (P6647) en la que unos trabajadores de unos Altos Hornos trasladan a un herido de gravedad. La obra de Uría, que obtuvo una medalla de segunda clase, es más dramática, pues presenta, justo en la convergencia de las dos grandes diagonales que definen la composición, un trabajador muerto junto a su esposa y su hija, rodeados de un amplio espacio vacío. El estudio de la composición, muy cuidado, fue uno de los aspectos más valorados en el informe que emitió la Academia de Bellas Artes de San Fernando para aconsejar su adquisición. Se desarrolla en el interior de la fábrica, con un estudio muy preciso de la maquinaria, que volvería a abordar en “Talleres del Ferrocarril del Norte” (Madrid, colección particular). La luz surge de cada uno de los puntos extremos de las diagonales y también de los grandes ventanales, cuya secuencia introduce un ritmo vivo en la obra. El estudio de la luz manifiesta el estudio de Velázquez, varias de cuyas obras había copiado en el Museo del Prado. Lo mismo que en el pintor sevillano, dominan los tonos grises. Algunos críticos reprocharon lo que juzgaban la inconcreción del fondo pero la pintura más disuelta del último término es resultado de un estudio de perspectiva aérea que agranda el espacio de la fábrica y da mayor eco al drama de las figuras del centro que parecen, así, más aisladas. A la derecha representó un contingente de la Guardia Civil, que vigilaba efectivamente los alrededores.
La misma sobriedad de la obra, alabada por el crítico Narciso Sentenach, pareció excesiva a los académicos. A pesar de recomendar su adquisición la consideraron “falta de sentimiento”, sin advertir que precisamente esa neutralidad expresiva hacía la pintura mucho más elocuente y moderna. No faltaron entre los críticos quienes juzgaron la obra comprometida con la emancipación del obrero e, incluso, con la causa del socialismo, en tanto que otros, opuestamente, vieron en el cuadro “una viva representación del desastroso fin a que conducen determinadas predicaciones disolventes; aquel obrero tendido exánime en la galería de la fábrica, dice más en contra del socialismo y el anarquismo, que una docena de discursos”. Sin duda la intención de Uría no era esa, aunque tampoco fuera, en absoluto, un promotor de las ideas socialistas; pero se aplicaba, como otros pintores de su generación, a la representación lo más objetiva posible de la nueva realidad social y laboral.
Barón, Javier, 'José Uría y Uría. Después de una huelga'. Arte y transformaciones sociales en España (1885-1910), Madrid, Museo Nacional del Prado, 2024, p.381 nº.277