Epílogo
1895. Óleo sobre lienzo, 76 x 151 cmDepósito en otra institución
Las reivindicaciones sociales saltaron de la realidad al arte español a partir del siglo XIX, especialmente por motivo de las revoluciones industriales y el cambio de contexto laboral que provocó, plasmando la realidad en estos ambientes, ennobleciendo sus preocupaciones en una serie de cuadros inspirados en las huelgas de los trabajadores de los altos hornos.
Cutanda encontró en las huelgas un tema candente que había dado protagonismo a la cuestión social en el contexto español de su tiempo, partiendo de la huelga declarada el 13 de mayo de 1890, originada por el despido de cinco obreros de la empresa La Orconera de Bilbao debido a su participación en la organización del Día del Trabajo el 1 de mayo. En los primeros años, las empresas trataron de reprimir su organización, lo que fue a menudo ocasión del estallido de huelgas. Esto supuso el inicio de la conflictividad laboral con nuevos episodios huelguísticos en los años siguientes. Se impulsó la organización de los obreros en Vizcaya y favoreció el auge del Partido Socialista, protagonista en ella. Con su obra cuadro “Una huelga de obreros en Vizcaya” (P7793) presentado a la Exposición Internacional de Bellas Artes de 1892 en Madrid, obtuvo una primera medalla. Esa fiesta se había instituido en 1889 como Día Internacional de los Trabajadores.
Cutanda se especializó en motivos de luchas obreras para revistas ilustradas por influencia del pintor Dudley Hardy, quién también era ilustrador y su cuadro desaparecido “The Dock Strike” de 1889 le sirvió como paradigma. Para proveerse de referencias el artista visitó, a partir de finales de 1890 o principios de 1891 las fábricas de Le Creusot (Borgoña-Franco Condado), Burdeos y Bilbao. Allí se ocupó de estudiar los escenarios del trabajo y también a los obreros, no solo en su aspecto exterior o dedicación, sino en relación con su posición en la lucha social: «para de este modo poder caracterizar al anarquista, al obrero templado, al obrero que sin voluntad propia va a donde los exaltados le llevan, y tantos otros que matizan esa gran colectividad de trabajadores». El objetivo de una representación fiel de los trabajadores en función de su conciencia social resultaba completamente nuevo en España.
El título es revelador: estas condiciones de trabajo con el epílogo de la vida. Un hombre transporta desde un extremo una carga pesada, con rostro serio, adivinando que en su interior se encuentra un fallecido. Un niño presencia la escena, sujetando unos ropajes, posiblemente del fallecido, mientras que en el extremo derecho otro hombre mira resignado llevándose la mano a la nuca. Denuncia así la falta de defensa de la infancia frente a la adultez laboral y su explotación. La revolución se entiende por el hombre armado vestido de chaqueta azul, único elemento colorido de la composición, generalmente de tonos oscuros y ocres en la obra de Cutanda. Es el auxilio que levanta el brazo.
Barón, Javier, 'Vicente Cutanda. Una huelga de obreros en Vizcaya'. Arte y transformaciones sociales en España (1885-1910), Madrid, Museo Nacional del Prado, 2024, p.373-378 nº.275 [o.r: nº.273, nº.274]