El tocador de Venus
1635 - 1640. Óleo sobre lienzo, 114 x 171 cmSala 005
La obra de Francesco Albani, uno de los discípulos predilectos de Annibale Carracci (1560-1609), se popularizó gracias en parte a cuadros mitológicos como éste y El juicio de Paris (P2), que contribuyeron a difundir el ideal clásico de los paisajes de Carracci a través de una visión refinada y lírica de la naturaleza.
El primero es solo una de las múltiples versiones que el pintor haría del tema del tocador de Venus (las más célebres se encuentran en Roma, Galleria Borghese y París, Louvre). La escena muestra a Venus reclinada en un sillón mientras es adornada por tres doncellas, posiblemente las tres Gracias: una que le riza el pelo con delicadeza, otra que le peina los cabellos y una tercera que muestra a su compañera un largo collar de perlas, como pidiéndole su aprobación. Por si esta ayuda fuera poca, cinco putti que han abandonado momentáneamente sus carcaj -en el suelo, a la derecha-, colaboran también al adorno de la más bella de las diosas con pequeñas tareas como anudarle la sandalia, sostener un espejo para que se admire o preparar peines, joyas o flores frescas. Como ya ha sido señalado, este grupo de figuras, así como la fuente a la derecha de la composición, incluyendo el grupo escultórico que la corona, son casi idénticos a los que Albani pintó para El aseo de Venus hoy en el Louvre, perteneciente a una célebre serie de lienzos comenzada hacia 1621 para Ferdinando Gonzaga, duque de Mantua y, por desavenencias con este primer comitente, terminada en 1633 para el cardenal Giovanni Carlo de Medici. La fuente primera de ambos cuadros, sin embargo, se encontraba en una tabla pintada por el maestro de Albani, Annibale Carracci, hacia 1590-95, Venus adornada por las Gracias (Washington, National Gallery). Albani debió de fijarse en ella ya hacia 1610 cuando, posiblemente a causa de la muerte de Annibale en 1604-5, hubo de hacerse cargo de un Aseo de Venus (Bologna, Pinacoteca Nazionale) destinado a formar pareja con una pintura de su maestro, Diana y Calixto (1598-99; colección del duque de Sutherland). Comparado con el de la tabla de Washington, sin embargo, el grupo de Albani resulta menos articulado en el espacio, lo que, unido a la característica blancura aporcelanada de sus desnudos y a otros detalles como el estricto perfil del sillón en el que se sienta Venus, produce la sensación de un luminoso friso clásico recortado sobre un bosque frondoso.
La fuente para la iconografía de Venus acicalada por las Gracias, no demasiado frecuente, posiblemente se encuentre, como ha señalado Posner en el caso de la obra de Carracci (Posner 1971, I, núm. 85, p. 35), en la Odisea de Homero (VIII, 266-365), donde se nos cuenta que, tras cometer incesto con Marte, Venus huyó a Chipre, donde la lavaron las Gracias y la ungieron con aceite inmortal, cosas que aumentan el esplendor de los dioses que viven siempre, y la vistieron deseables vestidos, una maravilla para verlos. A pesar de su relativa rareza, el tema fue frecuentado por los artistas del círculo de Albani con elementos similares y por las mismas fechas en las que éste comenzó la serie del Louvre, y lo encontramos por ejemplo en la obra de Guercino (1622-23, colección particular) o Guido Reni (1620-25, Londres, National Gallery, con colaboración del taller), su amigo de juventud y luego su rival.
El tocador de Venus y El juicio de Paris, de dimensiones muy similares, aunque probablemente no formaran pareja, se encontraban en el palacio del Buen Retiro de Madrid. En 1762 se cuentan entre las obras de la Colección Real que el pudoroso Carlos III ordenó quemar a causa de su sensualidad, quema que fue evitada gracias a la intervención del marqués de Esquilache y de Antón Rafael Mengs, gran admirador del clasicismo boloñés, quienes lograron su traslado a la llamada Casa de Rebeque, junto al Palacio Real de Madrid, al lado de otras muchas obras de Tiziano, Rubens etc. En 1792 fueron reclamadas por la Academia de San Fernando como modelos para el estudio del color y destinadas a la Sala del Colorido. Desde 1827, colgaron en la Sala Reservada del Museo del Prado.
González, R., 'Francesco Albani. The toilet of Venus'. Italian masterpieces from Spain's royal court, Museo del Prado, National Gallery of Victoria Thames & Hudson, 2014, p.112-115