Estuche para la Copa de las Cuatro Estaciones
1689 - 1711. Metal, Cuero, Felpa, Madera, 43 x 25 cmNo expuesto
Estuche con pie, vástago, cuerpo bulboso acanalado y remate cupuliforme, es de color marrón vinoso y está decorado con motivos solares enmarcados por cenefas (red de rombos). La pieza está decorada con águilas bicéfalas coronadas. Realizado para alojar la Copa de las Cuatro Estaciones (O83), de cristal de roca. Los hierros dorados que adornan este ejemplar constituyen una decoración barroca con cenefas de puntas de encaje y florones formados por las mismas. La cenefa más llamativa está compuesta por una faja central de círculos con punto central y una doble greca a los lados de grandes arcos con roleos interiores y pináculos florales rematados en flechas. No existe paralelo con los de ningún otro estuche de las alhajas. El estuche es anterior a 1689, porque lleva el remate cupuliforme para albergar la tapa de esta copa y ya estaba perdida en esa fecha, que es cuando se realizó el inventario de Versalles. El estuche fue realizado posiblemente en un taller centroeuropeo. La importancia de los estuches es grande para el estudio de las alhajas, dado que aportan datos volumétricos, estilísticos y cronológicos que ayudan a la correcta identificación de cada objeto, incluyendo su posible procedencia, común o no, a otros ejemplares. Gracias a ello, puede relacionarse claramente un conjunto de estuches con los objetos que contuvieron. Esta circunstancia dota de especial interés al conjunto de estuches de las alhajas, convirtiéndolos en, quizás, el más importante grupo de todos cuanto se conocen, pues muy pocos se conservan. Los estuches sirvieron para alojar la colección de alhajas que recibe el joven Felipe, duque de Anjou, tras la muerte de su padre Luis de Borbón (el Delfín de Francia). La colección llega a España con el joven rey, que reinará en España con el título de Felipe V. Estos estuches llegaron a España con las alhajas del Delfín que heredó Felipe V. Tiempo después, en 1776, Carlos III cedió el conjunto de vasos, incluidos sus estuches, al Real Gabinete de Historia Natural, donde permaneció hasta la salida de las alhajas hacia París, dejando atrás los estuches. Cuando éstas se recuperaron, muchos de los estuches, posiblemente ya no se pudieron utilizar como contenedores, al volver las alhajas mutiladas o reconstruidas indebidamente.
Los estuches de estos vasos de lujo se concebían de un modo práctico, con la forma del vaso contenido. Parte de los estuches que se conservan son aquellos que originariamente tuvieron los vasos al ser fabricados; otros fueron encargados por sus sucesivos poseedores, a veces personalizados con símbolos relacionados con el propietario, como sucede con la serie de los estuches rojos decorados con flores de lis y delfines. La existencia o no de estos estuches protectores determinaba en muchas ocasiones la longevidad de los vasos que contenían. Algunos de estos estuches pueden agruparse según sus características, aunque, por lo general, sus almas son de madera, y tienen un forro interior de textil o piel, a veces acolchado con vellón de lana, mientras que al exterior presentan un acabado en telas de lujo o finas pieles decoradas, bien en seco o bien en dorado.
Arbeteta Mira, Letizia, El tesoro del Delfín: alhajas de Felipe V recibidas por herencia de su padre Luis, Gran Delfín de Francia, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2001, p.85-89; 274-275