Interior del Museo del Prado
Hacia 1897. Óleo sobre lienzo, 53 x 41,170002 cmSala 101
El autor de esta obra, un pintor nacido en Adra (Almería), cultivó el retrato, el bodegón y la litografía; además, realizó copias de obras del Museo del Prado y fue autor de algunos interiores del propio Museo. Este género fue cultivado en España durante las dos décadas finales del siglo. Entre los artistas que más lo frecuentaron están Manuel García Hispaleto, Francisco Aznar García y los hermanos Eugenio y César Álvarez Dumont. De mano de Pineda se conocen, al menos, otras tres obras, relacionadas con esta, realizadas en la década de 1890. El Museo Nacional del Prado conserva un retrato suyo, fechado en 1917 y depositado en el Museo de Bellas Artes de Málaga (P7851), pero no ejemplos de este género.
La pintura muestra un aspecto de la sección de la Galería Central del Museo del Prado, en su lado Norte, en cuyo muro Este se colgaba la obra de José de Ribera, que no dispondría de sala propia hasta la primera década del siglo XX. En la pared destaca el Martirio de San Felipe de José de Ribera (P001101). Sobre el suelo, como si acabaran de descolgarse, hay cuatro cuadros, uno vuelto contra el zócalo y otro tapado casi en su totalidad por el San Andrés (P001077) del propio Ribera, junto al cual puede identificarse San Pablo Ermitaño (P001115) del mismo autor.
El San Andrés colgaba, según revela la vista tomada en su grafoscopio (1882-83) por Jean Laurent, en el centro de una fila de tres cuadros por debajo del Martirio de San Felipe, y el San Pablo Ermitaño en esa misma fila inferior a la derecha. Por ello, su presencia sobre el suelo es un juego imaginativo del artista, como también la proximidad del vigilante de sala, embebido en la contemplación del San Pablo. El banco y la barandilla de hierro que protegía las obras corresponden verazmente a lo que existía, como el color rojo del muro, fruto de la iniciativa de Federico de Madrazo, que había dirigido el Museo hasta su muerte en 1894.
Se conocen al menos en colecciones particulares otras tres obras de Pineda, que presentan las mismas dimensiones, ante cuadros de Diego Velázquez (Las meninas en un caso y La rendición de Breda en otro) y de Bartolomé Esteban Murillo. Esta última representa a una copista ante la Inmaculada del Escorial. Por otra parte el artista presentó a la Exposición General de Bellas Artes de 1897 de Madrid dos obras tituladas Interior del Museo de Pinturas de Madrid, sin duda relacionadas con esta ahora adquirida por el Prado. Sus medidas son algo superiores, si bien esto puede deberse a que se considerara en ellas el marco.
Como en las obras citadas, el interior del Museo aparece animado por una figura. Además, como en alguna de ellas, aparece el juego con los cuadros apoyados en el suelo, que denota una búsqueda de naturalidad y también el dominio de los recursos de la perspectiva en la representación de aquellos que, como el San Pablo Ermitaño, aparecen en escorzo. La dedicación de Pineda como profesor de Dibujo Lineal (en 1897 lo era en la Escuela Central de Artes y Oficios de Madrid, donde se jubiló) suponía un hábil manejo de la perspectiva. La presencia de una mesita con un cajón abierto en la que se apoya un tiento es una alusión a la propia práctica del artista de trabajar, como otros copistas, en el Museo, y puede referirse también a la posibilidad de que los cuadros en el suelo sean copias.
El pintor era un excelente copista, como revelan algunos ejemplos de su mano, sobre todo, de cuadros de Velázquez. Cinco de ellos se hallan en la National Gallery de Dublín y uno más en el Museo de Adra, su localidad natal. La representación en el cuadro ahora adquirido del Martirio de San Felipe revela su acierto en la interpretación de la pintura del pasado.
Barón, Javier, 'Miguel Pineda Montón. Interior del Museo del Prado'. En: Memoria de actividades 2021 Museo Nacional del Prado, Ministerio de Cultura y Deporte, 2022, p.31-33