La Adoración de los Magos
1460 - 1470. Óleo sobre tabla de roble del báltico, 60 x 55 cmNo expuesto
Se representa la Epifanía o Adoración de los Magos al Niño recién nacido. Es llamativo que la composición no tenga al Niño en su centro, sino que el eje parece estar sobre el primer mago en el acto de besarle los pies. María, con el Niño en el regazo, se lleva la mano izquierda al pecho en un gesto de recogimiento alusivo al sacrificio de su hijo, cuyo paño blanco, sobre el que descansa, no deja de ser una prefiguración del sudario. A la izquierda, en posición más discreta, san José parece entrar en escena subiendo unas escaleras. Lleva el bastón que floreció designándole para desposar a María y un sombrero negro. Entre ambos, sobre un pequeño mueble reposa un tarro dorado que contiene uno de los presentes de los Magos. El rudo atuendo de José contrasta con las ricas ropas del primer mago, en las que destacan el cinturón de oro con el monedero, las botas de cuero, la capa de terciopelo y las joyas en la cenefa de la manga y el faldón. Su sombrero descansa en el suelo, junto al agujero alusivo a la “Caverna de los tesoros”, el lugar donde, según un texto popular en la Edad Media, se habían enterrado los presentes de los magos.
La dirección del Museo catalogó la obra de forma oficial como «imitación de Memling» en 1913. Formalmente, la obra depende del panel central del tríptico realizado por Van der Weyden para la iglesia de Santa Columba de Colonia, hoy en la Alte Pinakothek de Múnich, pero, a la vez, tiene una vinculación directa con la versión de Memling que conserva el Prado (P001557). En tanto que innegable seguidor de Van der Weyden, el Maestro de la Adoración de los Magos ha de ser puesto en relación con otro discípulo, como es el Maestro de la Leyenda de Santa Catalina.
En conclusión, partiendo de un modelo de Van der Weyden como es el Tríptico de Santa Columba, pero inspirándose en otras obras, el pintor de La Adoración de los Magos lleva a cabo una aproximación al tema de la epifanía muy diferente estilísticamente de Rogier. Su visión general es más comedida o temerosa; falta, quizá por su menor capacidad, del alarde técnico de Van der Weyden en pos de la consecución de belleza, evidente, por ejemplo, en el sombrero en el suelo o en la figura del tercer mago. También lo aleja de Rogier el gusto por las líneas verticales, como en el traje de san José o en las mangas de los trajes del segundo y tercer mago, lo que en cierto modo empequeñece la obra del Prado. De hecho, donde Rogier utiliza poderosas líneas verticales con audacia, como en la amplia manga del tercer mago, forzando una visión de espaldas de la figura, el Maestro de la Adoración no se atreve a fórmula tan arriesgada, dejando ver parte del faldón del mago como ayuda para marcar la perspectiva.
Pérez Preciado, José Juan, Pintura flamenca del siglo XV en el Museo Nacional del Prado. Catálogo razonado, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2024, p.156-164 nº.17