La caza
1583 - 1584. Bronce dorado, 94,6 x 78 cmSala 049
Este grupo es uno de los regalos enviados a Felipe II por Francesco Maria II della Rovere, duque de Urbino, con destino al príncipe heredero, futuro Felipe III, en 1593. El conjunto de presentes incluía un libro decorado con hechos ilustres de su abuelo el emperador Carlos y la maqueta de una ciudadela de plata, con un juego de compases, para llevar a cabo ejercicios de estrategia militar (Zurla, 2020). Se integraba, por lo tanto, en una colección de objetos relacionados con la educación del futuro monarca, representada en los diferentes aspectos que debían componer ese proceso de la formación del príncipe: el conocimiento de la gloria del linaje, la milicia y la caza.
Fue Pope-Hennessy (1963: 64) quien, siguiendo una comunicación oral de Ulrich Middelforf, quien había estudiado a Bandini tiempo atrás (1929), proponía la filiación correcta de esta pieza que, hasta ese momento permanecía inédita. El grupo se podía identificar entonces con un encargo del duque de Urbino al escultor Giovanni Bandini (1540-1599) del que daba cuenta Raffaele Borghini en su obra Il Riposo (1584: 639-640), cuando, después de hacer un recorrido por la obra del artista y de destacar su calidad, decía que en esos mismos instantes trabajaba en esta obra y se esperaba que sería “bellísima”.
Posteriormente se ha podido documentar el trabajo a través de un registro de pago, realizado en noviembre de 1583 (Avery 1994: 26), del mismo modo que era Simone Fortuna quien enviaba a Bandini a Urbino a trabajar para el Duque, después de que éste hubiera intentado contratar a Juan de Bolonia. El escultor realizó una obra maestra a fin de demostrar a su mecenas su habilidad para hacer bronces, su gusto por los temas tomados de la naturaleza y su conocimiento de la escultura antigua.
La caza, como se denomina, sin variaciones ni añadidos, desde el momento inicial, muestra a un jinete desnudo y a caballo en el instante de alancear con un venablo a un jabalí, acosado por mastines. Ese modo de representarlo en solitario, luchando contra el enemigo, sirve para exaltar la valentía del cazador y para destacar el significado del ejercicio cinegético como una actividad propia de príncipes.
La inspiración formal está tomada casi de una manera literal, de los sarcófagos romanos que narran la historia de Hipólito y Fedra, como el que se conserva en el Campo Santo de Pisa, el que hoy se expone en la Galleria degli Uffizi de Florencia (Inv. 1914, no 98) y otros. Bandini, discípulo de Baccio Bandinelli, toma de él ese particular sentimiento del pathos que acusa el concepto general de la obra, recibiendo al mismo tiempo la influencia de Leonardo en sus dibujos para la batalla de Anghiari, que puede observarse en el tratamiento agitado del caballo. El resultado es una obra de bulto en la que el autor muestra su habilidad como broncista, con un extraordinario sentido espacial, capaz de presentar diferentes puntos de vista para enriquecer la contemplación de una obra que se traduce en un verdadero alarde en cuanto al dominio del volumen y el movimiento.
El tratamiento formal de la figura del jabalí sería una derivación de una escultura célebre de mármol, que había aparecido en Roma a mediados del siglo XVI y que desde 1568 estaba en Florencia, primero en el palacio Pitti y desde 1591 en los Uffizi (Haskell y Penny 1981: 262-264). Parece que, en su origen, se asociaba a una escena de cacería y del mismo modo se recompuso en Florencia, recreando el episodio de Meleagro, con esculturas de cazadores y perros.
Iconográficamente se ha venido identificando el tema de Bandini como la representación ovidiana de Meleagro en la caza del jabalí de Calidón, a partir de que Barrón pusiera este nombre a la escena (1908: 190). Sin embargo, es necesario revisar esta denominación. Ni la documentación referida a su encargo, ni sus entradas en los diferentes inventarios reales registran la obra como la imagen de este episodio mitológico, sino simplemente como la caza o en todo caso como una escena de caza.
Por otra parte, las imágenes históricas de Meleagro sobre diferentes soportes y desde la Antigüedad, mayoritariamente, lo muestran vestido, cazando al jabalí, pero siempre a pie y solo en casos muy raros, a caballo. Ovidio, al narrar este episodio en sus Metamorfosis, libro VIII, versos 376-377, al llegar al momento final de la caza, señala que el animal se había ocultado en una selva espesa, en la que no había sitio ni para las jabalinas ni para los caballos: “Heridas hubieran hecho, de no ser porque el cerdoso animal entre unas opacas/espesuras se hubiese ido, ni para las jabalinas ni para el caballo lugares transitables”.
Pero habría más razones para poner en duda la identificación. La primera sería la citada inspiración en la escena que presenta a Hipólito, hijo de Teseo y de la amazona Hipólita, como cazador. La figura del héroe mitológico se exalta como protegido de la diosa Artemisa y como ejemplo de integridad, rechazando los requerimientos amorosos de su madrastra Fedra. Tanto la similitud formal, desnudo y a lomos de un caballo encabritado, acometiendo al jabalí, como el propio contenido moral de la personalidad virtuosa de Hipólito, lo harían más propio de una identificación iconográfica en un regalo diplomático de este tipo. No obstante, tampoco podríamos afirmar, por la carencia de evidencias documentales, que lo que hace Bandini es representar a Hipólito como cazador en lo que se refiere a su contenido iconográfico.
El hecho de que no se mencione en ningún momento un nombre concreto para su identificación, permite pensar que el presente responde a una intención más alegórica, en el contexto en el que además llega a la corte española junto a los otros regalos. La caza era algo más que un entretenimiento y se vincula con el valor, la fortaleza y también con la propia educación del príncipe, sin necesidad de presentarlo con una denominación específica. La documentación proporciona datos muy precisos sobre el modo en el que se presentó el objeto al joven príncipe heredero en El Escorial, que ayudan a valorar mucho mejor su importancia plástica (Zurla, 2020). Bernardino Maschi, el enviado del duque en Madrid, relata en la correspondencia el modo en el que la pieza había llegado en una caja que estaba en mal estado. Pompeo Leoni propuso rehacer la base sobre la que se apoyaba, en madera de nogal, de forma octogonal, de cuatro dedos de alto y con una labor de talla en el exterior. Lo singular fue que se dotó de una estructura interna con cuatro bolas que hacían la función de un rodamiento y permitían girar la obra sin dificultad, para que el espectador la contemplara desde diferentes puntos de vista sin necesidad de moverse del mismo lugar.
La escultura se describe con precisión en los inventarios de las Colecciones Reales, desde 1621, cuando se encontraba en el Alcázar de Madrid. El bronce se doró con posterioridad, hacia 1710-15, durante los primeros años del reinado de Felipe V, probablemente esta intervención esté relacionada con la llegada de los nuevos gustos franceses. Así se refleja en el inventario que lo describe por primera vez, en el que refiere incluso la técnica utilizada, “dorado a la sisa” (AGP, Sec. Reinado Felipe V, Leg. 209). En esta manera de dorar se utiliza un adhesivo, denominado mixtión, para pegar láminas o panes de oro sobre el bronce. Este dorado fue una intervención relevante y determinó el criterio de la restauración que ahora se ha realizado, ya que se trata de una pátina histórica que se debe ser respetada. No es una técnica utilizada habitualmente en los bronces dorados de la colección real, generalmente dorados al mercurio, y por esta razón presenta un tono de oro diferente, más nacarado.
Durante la restauración se descubrieron, dentro del puño del jinete, restos de las riendas de cuero originales. Este hecho, unido a la información que aportaba una antigua fotografía de la escultura, en la que el jinete conservaba parte del venablo, han permitido recuperar estos dos elementos fundamentales en la composición del grupo, perfectamente reversibles. La diagonal que traza el arma ayuda a entender mucho mejor ese juego de líneas con el que se construyó un conjunto de un extraordinario dinamismo.