La demencia de Juana de Castilla
1866. Óleo sobre lienzo, 238 x 313 cmSala 061B
La exclusiva fama de este hermosísimo cuadro ha colocado con toda justicia a su autor entre los principales maestros del género histórico, a pesar de que el resto de la producción de Vallés sea escasamente conocida y la significación de su personalidad artística esté todavía pendiente de un estudio objetivo y profundo. Efectivamente, con esta obra Vallés sería uno de los primeros artistas españoles decimonónicos que logró calar en la significación más honda y verdadera de los recursos dramáticos que ofrecía la personalidad enajenada de la reina doña Juana I de Castilla (1479-1555), cuya figura y azarosa vida suscitarían una irresistible fascinación para los pintores especializados en este género, que años después llegaría a su cumbre con el famosísimo lienzo de Pradilla Doña Juana la Loca (P4584)
Así, la soberana, centinela permanente del cadáver de su amado rey, está espléndidamente captada por el pintor en una actitud de inquietante calma espiritual, ante la creencia firme del inminente despertar de su esposo. Permanece en pie ante un sillón con sus armas, junto al lecho en que reposa el cuerpo sin vida de Felipe el Hermoso, visible tras las cortinas del dosel, parcialmente descorridas. La reina manda callar con un gesto delicado y tierno de sus manos a dos nobles y un eclesiástico de su Corte, que le ruegan infructuosamente que cese en su absurda actitud. Sobre la alfombra, varias flores marchitas completan la serena poesía de la escena, impregnada de una solemnidad emocionante que mueve a la conmiseración sincera ante el desvarío de la reina. Vestida con tocas y un rico traje de terciopelo, ceñido un rosario a su cintura y con el cabello alborotado, su figura centra por completo la atención de la composición, cuyo protagonismo se concentra exclusivamente en la elocuente gesticulación narrativa de sus manos, espléndidamente esculpidas por la luz, quedando el resto de los personajes y el mobiliario que integran la escena como elementos secundarios, aunque imprescindibles para completar el sentido del argumento.
Como resulta especialmente evidente en la figura de la reina, el máximo acierto de la composición reside en la soberbia utilización dramática que Vallés hace en ella de la luz, sabiamente dirigida, que modela las figuras, las integra en el espacio y sugiere perfectamente el ambiente denso y misterioso de la estancia mortuoria, eco en última instancia de las conquistas logradas por Rosales apenas dos años antes. Así, el pintor elimina cualquier detalle superfluo de la estancia regia, describiendo un mobiliario de máxima sencillez, subrayada por el entarimado del suelo y la superficie lisa y clara de las cortinas, bellamente modeladas en los tornasoles de sus numerosos pliegues. Por lo demás, Vallés utiliza las figuras imprescindibles para el desarrollo dramático del argumento, resueltas con una técnica amplia, de gran riqueza pictórica, correspondiente al realismo sobrio y contenido de esos años, y un colorido severo y armonioso, en la más pura tradición española, de gran efectismo y concentración en las actitudes de los personajes, cuyos rostros, de una inmediatez cotidiana, corresponden seguramente a retratos tomados del natural. Los aciertos de esta pintura han sido destacados unánimemente por la crítica, insistiendo en la naturalidad contenida de la representación, a pesar de ser argumento tan proclive a la exageración melodramática.
Díez, José Luis, 'Lorenzo Vallés. Demencia de doña Juan de Castilla'. El siglo XIX en el Prado, Madrid, Museo Nacional del Prado, 2007, p.232-233 n.44