La menina
2007. Punta seca sobre papel, 650 x 500 mmNo expuesto
Basta con echar un vistazo a la ya dilatada trayectoria de Isabel Quintanilla para comprender que lo que le ha interesado del inveterado realismo español es su humilde disposición para mirar cualquier tipo de figura o cosa y representarla de la forma más despojada, sin el menor énfasis; o lo que es lo mismo, el interés que le suscita su instinto de verdad.
Fruto de este planteamiento, la artista fijó su mirada en las colecciones del Museo del Prado, principalmente en la obra de Velázquez y Zurbarán. Su particular estilo y aproximación a la realidad se pone palmariamente de manifiesto en los dos grabados que ha hecho con ocasión de la propuesta de dialogar con los maestros del Museo. Ahí están para demostrarlo el así llamado La menina, donde a una niña pequeña actual, aislada de todo oropel y compañía, aunque sea trasunto de la infanta Margarita, y, como ésta, algo ausente o distraída, le es ofrecido un vulgar vaso de vidrio, relleno de agua, sobre un platillo; y el concisamente titulado Bodegón, sin filiación concreta tan clara, aunque muy zurbaranesco, donde el mismo vaso con agua y platillo sirve de modesto recipiente de dos rosas, estando flanqueado este improvisado florero por unas cabezas de ajos y un reloj de bolsillo abierto: dos trozos de vida, dos trozos de tiempo, o, en fin, un mismo memento del paso de la vida.
Calvo Serraller, Francisco, Doce artistas en el Museo del Prado, Madrid, Fundación Amigos del Museo del Prado, 2007, p.58-61