La visita de la madre al hospital
1892. Óleo sobre lienzo, 150,8 x 211 cmDepósito en otra institución
Esta obra, la más conocida de la producción del pintor riojano, es también una de las de mayor fortuna crítica de toda la pintura social. Esto último se debe posiblemente a varias razones. En primer lugar, fue una de las primeras en recoger el testigo de “Una sala del hospital durante la visita del médico en jefe” de Luis Jiménez Aranda, presentado en París en 1889, aunque en realidad aquí se ofrece una visión del interior hospitalario bien diferente: Paternina reduce la escena a solo cuatro personajes y subraya el cariz cristiano de la atención a los enfermos, disponiendo en primer término a la hermana de la caridad, cuya presencia se convertirá en habitual en muchos de los cuadros de este género, así como con el rosario en la cabecera de la cama. Además, el pintor apela de forma muy directa a los sentimientos, enfatizando la emotividad que produce el encuentro entre la niña enferma y su madre. Esta fue precisamente la virtud en la que coincidieron prácticamente todos los críticos. Así, por ejemplo, Federico Balart, al compararlo con el de Jiménez Aranda, indicó que “le lleva de ventaja la delicadeza del sentimiento que expresa”. El empleo del color blanco, que convierte el lecho de la enferma en la parte más iluminada, y la posición de los personajes, carentes de rostro a excepción de la protagonista, contribuyen también a ello.
En segundo lugar, su exposición sucesiva en Madrid, Bilbao y Barcelona, y los premios alcanzados en todos los casos, contribuyeron a su inmediato éxito, que vino sustentado por una recepción crítica favorable en la mayoría de las ocasiones. Finalmente, ha de tenerse en cuenta que parte de su fama se debe al hecho de haber servido de referencia al joven Pablo Picasso para “Ciencia y Caridad”.
Aunque parte de la producción de Paternina se conserva en el Hogar Madre de Dios de Haro (La Rioja), ni en esta colección ni en otras ha sido posible identificar algún dibujo o trabajo preparatorio que pueda relacionarse con este cuadro. Por eso, cobra mayor interés el testimonio de Antonio Cánovas Vallejo, sobre el que hasta ahora no se había reparado. En su crónica sobre los cuadros que los españoles estaban pintando en Roma indica que la niña del primer término, que él identifica con la hermana de la enferma, “desenvuelve un pañuelo con naranjas” y que “la línea de las demás camas se pierde en perspectiva, dejando ver otros enfermos y otros visitantes”. Sin embargo, en la parte derecha del cuadro, apenas puede observase un único enfermo al fondo, pero sin compañía alguna. Y, del mismo modo, la hermana se limita a sujetar una cesta, pero sus manos ni siquiera aparecen. En los diferentes estudios técnicos realizados por el Gabinete de Documentación Técnica del Museo del Prado en febrero de 2024 (radiografía e infrarrojo) se observa algún cambio en la posición del enfermo del fondo, que en un principio estaba ligeramente incorporada, en la posición de la segunda cama, en el tamaño y objetos de la mesita y en la cesta de la niña, que no aparece en la radiografía. Cabe pensar que el crítico se refería en realidad a un boceto -hasta ahora desconocido- o que hubo alguna confusión con las informaciones que recibió al escribir su artículo.
Martínez Plaza, Pedro José, 'Enrique Paternina. La visita de la madre al hospital'. Arte y transformaciones sociales en España (1885-1910), Madrid, Museo Nacional del Prado, 2024, p.222 nº125