Mi cuerpo es mi territorio, no os acerquéis a mi, no me supliquéis que voy de vuelo
2007. Impresión digital sobre papel, 650 x 500 mmNo expuesto
Ouka Leele ha encontrado en la fotografía, a lo largo de toda su trayectoria artística, el medio que mejor se adecuaba a su vocación creadora multidisciplinar, pero la amplitud de sus intereses y conocimientos escapa a cualquier intento de definición profesional o artística reduccionista, no sólo o no tanto porque ella haya manipulado pictóricamente casi siempre sus fotos, ni tampoco porque haya realizado una obra importante en otros medios como el dibujo y la acuarela, el vídeo, el cine, las performances, las instalaciones, los objetos o la poesía, sino porque mediante impresiones fotográficas o no, cualquiera de sus obras son productos híbridos formados a partir de retazos de los medios artísticos de expresión más dispares.
Las dos fotografías digitalizadas que recogen su intervención en el Museo del Prado son el mejor testimonio de lo que hemos apuntado. En ambas, se entremezclan la danza, el teatro, la música, la pintura y la fotografía, pero con la intención de romper, no ya los géneros, sino la separación entre la ficción del arte y la realidad, multiplicándose por doquier el ilusionismo de esa ilusión que llamamos arte. Frente a Las meninas, de Velázquez, y El juicio de Paris, de Rubens, Ouka Leele no sólo ha utilizado el viejo recurso narrativo de la animación del cuadro -dando vida a una de las figuras pintadas- sino que esa animación virtual se ha concretado con la actuación de una bailarina, cuya acción replica con su movimiento el grávido estatismo de su modelo y lo interpreta adornando su cuerpo desnudo con un fetiche significativo: el miriñaque o una interminable melena. De esta manera, se intercambian los papeles entre lo pintado y lo vivo, pero, sobre todo, se da rienda suelta a ese relato interminable de la ficción: esa formidable obra de arte que el ser humano desnudo ha creado, a lo largo de los siglos, para extender los límites de la realidad inmediata, siempre tan reductoramente parcial, siempre esa medio verdad mentirosa que nos engaña sin la paradójica ayuda de nuestra liberadora imaginación.
Calvo Serraller, Francisco, Doce artistas en el Museo del Prado, Madrid, Fundación Amigos del Museo del Prado, 2007, p.46-49