Paisaje
1872. Óleo sobre tabla, 19,5 x 37 cmNo expuesto
El soporte en tabla que presenta esta pintura no es muy frecuente en la producción del artista, quien para los estudios de pequeño formato prefirió el lienzo, a veces el cartón y, mayoritariamente, el papel. Quizá por ello no se trate de una tabla preparada de forma específica para la pintura, pues no presenta los cantos rebajados ni el biselado habitual, sino un corte recto. Esto, y algunas incisiones -que quedaron por debajo de la pintura pero que son visibles aún-, nos llevan a pensar que se trata de una madera reutilizada; por su grosor y tamaño posiblemente fuera el fondo de un cajón. Rosales únicamente le aplicó una preparación blanca (visible en algunas zonas), antes de pintar al óleo sobre ella. Como otras obras que quedaron en el taller del artista tras su fallecimiento, no presenta firma, pero sí una etiqueta de la testamentaría, firmada por Gabriel Maureta, en el reverso.
Rosales se interesó por el paisaje sobre todo en los últimos años de su corta vida, cuando se fechan la mayoría de ellos. En ese periodo debe datarse también éste. La forma de construir el celaje y los árboles es muy similar a la que aparece en el fondo de Ofelia (P4623): la pincelada alargada de tonos azulados y grisáceos se combina con los toques rosados, aquí de una forma más sutil, con los que el artista representa el final del día. Del mismo modo, perfila la parte derecha de los árboles –realizados con pinceladas alargadas de color ocre- con un trazo más oscuro para marcar la zona sombreada. En los dos casos se trata de árboles secos o, en todo caso, sin hojas. La parte montañosa tiene aquí mayor densidad que en aquel, pues la pincelada se muestra más cargada, pero en ambos casos la distribución de los verdes y ocres es muy similar y busca marcar los diferentes accidentes y partes de la montaña, diferenciando entre las que tienen vegetación y las más secas. Por su cercanía con esta otra obra, pensamos que debe tener una cronología similar.
El paisaje ha sido identificado en ocasiones como Paisaje de Panticosa, un pueblo del Pirineo de Huesca a cuyo balneario Rosales acudió para intentar mejorar su comprometida salud en diferentes temporadas; en concreto, por lo que respecta a los últimos años de su vida -cuando debe fecharse la obra- en los veranos de 1870 y 1873. Es cierto que la disposición de la montaña en la parte izquierda y el sendero ascendente pueden recordar a Camino de Panticosa (colección particular, reproducido por Jean Laurent, número cliché 1243) y el carácter escarpado podría evocar aquel paisaje montañoso; de hecho, en la exposición de 1973 el cuadro figuró como un estudio para ese otro cuadro (núm. 35). Sin embargo, la presencia de árboles de ribera y de un pino mediterráneo, así como el amplio y abierto panorama que aparece en la mitad derecha de la composición son extraños en el resto de sus paisajes de Panticosa, pintados también en verano, pero protagonizados por las grandes formaciones rocosas y con la línea del horizonte muy alta y en los cuales, cuando se representan coníferas, éstas son píceas y abetos. Entre 1870 y 1873 Rosales también visitó otros lugares de Huesca (como Loarre, en diciembre de 1870), Toledo (mayo de 1870), y Murcia (entre enero y mayo de 1872 y 1873), lugares en donde podría haber pintado este paisaje, carente de cualquier elemento singular o relevante que permita una identificación segura. En la exposición póstuma realizada a su muerte, fuera de catálogo (según las anotaciones manuscritas en el ejemplar de la Biblioteca del Museo del Prado) figuraron Recuerdo de Panticosa-Bosquejo. 1872 (núm. 38) y Estudio. Recuerdo de la campiña de Murcia (núm. 49).
Martínez Plaza, Pedro J, 'Eduardo Rosales. Paisaje, h. 1870-1873'. En: Memoria de Actividades 2022, Ministerio de Cultura y Deporte, 2023, p.127-129